Batalla de Zutphen o la Guerra terrestre entre Inglaterra y España

El asedio de Zutphen dicen que es una batalla menor, casi perdida en el mar de batallas que hubo en la Guerra de Flandes. Nosotros no pensamos así. la Batalla de Zutphen es una de las puntas del iceberg que materializa de una manera clara la “mano inglesa” que mueve los hilos de la rebelión flamenca. Utilizando para ello a las autoridades protestantes como “tonto útil” con el fin de atacar al rey español (perdón por la expresión que va sin carga emocional).

Vale, sí, en Zutphen vencimos y los ingleses hicieron el ridículo (allí y en más sitios de Flandes…). Éramos menos y socorrimos la plaza sin problema hasta hacer inviable el asedio… pero de veras que eso no es lo más relevante (aunque mole mucho…). Lo importante es preguntarse qué hacian ingleses (y sólo ingleses) luchando contra católicos, en Flandes. ¿Qué hacía allí el Conde de Leicester y lo más granado de la nobleza inglesa? Para daros una pista y enlazarlo mentalmente tiene que ver con la Gran Armada española y la ContraArmada inglesa.

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Nos hallamos en 1586… y han cambiado muchas cosas desde que estuviera aquí el Duque de Alba (hace casi veinte años de eso). A Guillermo de Orange, asesinado, le sucede su hijo Mauricio-Nassau como Estatúter de los Estados (no nos consta que hubiera ni primarias ni Comité extraordiario del Partido, ni nada de eso…). Felipe II sigue aguantando el tirón y no se muere… ni consiguen matarlo (que ganas no faltan). Y aunque está enfermo, cansado y triste (por la muerte de su hija) su hijo Felipe (el III) no está en condiciones de reinar aún.

Presume con estos gemelos de los Tercios. En la T de Tercios

Sin embargo, pintan bastos para los rebeldes flamencos porque la entrega de sus territorios, hacía ya un tiempo, a un francés de sangre real salió muy, muy rana. Ahora lo intentaban con los ingleses, con Isabel I a la cabeza. Da la sensación que estaban obsesionados con entregarse a cualquiera que pase por allí aún a costa de obligarse, a ellos mismos y a sus compatriotas (¿les preguntarían?), a una obediencia peor de la que estaban empeñados en huir.

Duda Isabel en meterse oficialmente y de lleno en el avispero flamenco… una cosa es piratear un barco allí o atacar un poblacho al otro lado lado del Atlántico por allá, que es divertido pero que es un tanto inocuo, y otra muy distinta es tomar postura, con dineros y ejércitos, en oposición frontal a España. Pero la duda queda disipada si hay beneficio económico por medio:

— What Devil!… Philip, go to the Hell!!

Algo así, debió pensar Isabel, finalmente, porque si sacaban tajada económica de los incautos de los flamencos y le daban en los morros al hispano… ¡¡El negocio era redondo!!

No midió bien las consecuencias su graciosa majestad.

Se dice que el apoyo inglés vino motivado por el apoyo español a la liga católica francesa (tratado de Joinville en 1584). País que llevaba 20 años en una guerra entre protestantes y católicos por aquello del “empecinamiento” de su corona en crear un espacio de tolerancia religiosa en Francia (¿inviable en cualquier país en los tiempos que corrían?, ahí queda la pregunta…).

El caso es que no acabamos de encontrarle el sentido, y perdón por el acomodo, pero si quieres compensar la ayuda de España a la Liga Católica Francesa lo lógico parece que sea ayudar a la Liga Protestante Francesa (esto es, los hugonotes). Eso, claro, si quieres ayudar de manera sincera y leal.

La cuestión es que Isabel sabe (en realidad toda Europa) que los vientos han cambiado en Flandes. Que Alejandro Farnesio y nuestros admirados Tercios de Flandes han conquistado Amberes. Y con ella muchas poblaciones que, por convicción o por sumarse a los nuevos aires, se mantienen leales al legítimo rey (Felipe II). También sabe que los flamencos le están viendo las orejas al lobo… y que éste viene muy cabreado.

Así que decide sacar “tooooooda” la tajada posible a los flamencos:

Enviaría 7.000 hombres a Flandes y apoyaría económicamente a las Provincias Unidas con un 25% del coste de la guerra… eso sí, coste que sería devuelto al final de la guerra. Para redundar en esa generosidad tan inglesa… Recibiría de los rebeldes tres puertos (Rammenkens, Brielle y Flesinga) como “aval”, para uso inglés sin límite; también la presencia de dos comisionados en la Junta de los Estados con voz y voto; el compromiso de no firmar la paz con España sin su consentimiento; ¡ah! y la designación del gobernador de las provincias. Es el llamado Tratado de Nonsuch de 1585, para más información.

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Ya estaban desesperados ya, los holandeses, porque era un atraco a mano armada muy a la manera de hacer las cosas que nos tienen acostumbrados los ingleses…

No acaba eso aquí. Envía Isabel a Robert Dudley, Conde de Leicester, que es investido Gobernador y Capitán General de los Estados. El tal Leicester nos dará “grandes tardes de gloria” porque su paso por Flandes no tiene desperdicio, mostrándose como un negado en lo militar y deshonesto en la gestión del dinero público… holandés.

El tal Conde de Leicester, eso sí, era el amante (dicen que secreto) de la Reina Virgen (… que tiene su mérito… En todo caso nos da medida del “nivel de exigencia” de la monarquía inglesa en aquella época).

Así que tenemos a 7.000 ingleses, con Leicester al frente, en Flandes para ser azote de católicos, poner a los españoles en su sitio y “liberar” de una vez por todas a los flamencos del yugo de Felipe II, rey oscuro-intransigente-y bla,bla,bla de la leyenda negra…

Ciertamente, este movimiento tan notorio no pasa inadvertido para Felipe II. Hasta las castañas está Felipe de guerras… pero más todavía lo está de los ingleses: de sus robos, de sus envidias, de sus piratas moscones y de sus acciones deshonrosas. Así que después de meditarlo (que para eso es el rey prudente) concluye que no va a demorar más lo que están buscando que ocurra. Encuentra una respuesta adecuada para ese ataque frontal de los ingleses en forma de ayuda oficial a los rebeldes: Guerra contra el inglés en Flandes… y en todo el Orbe.

Es en este periodo cuanto tiene lugar el episodio del Asedio de Zutphen.

Esta es la guerra anglo-española (como no tiene nombre proponemos llamarla: La Guerra de las Armadas) que no sabemos a ciencia cierta cuando empieza (hacia 1585…) pero que acaba en 1604 con el Tratado de Londres. Una guerra global (¿la primera, tal vez?) cuya principal conclusión es que Inglaterra queda tan tocada del encontronazo con España que sale del juego internacional durante las siguientes cinco décadas.

Cincuenta años en los que Inglaterra se dedica a lamerse las profundas heridas después de haber tentado la suerte. En esta guerra se engloba tanto la acción de “La Gran Armada Española” como la “ContraArmada Inglesa”. Dos fiascos con distinto fin: La Armada Española se rehace al poco y sale reforzada, la Inglesa es una debacle y pone en jaque a la economía de su propia monarquía.

La batalla de Zutphen, de la que el 22 de Septiembre es efemérides, se desarrolla en ese entorno. Una batalla entre españoles e ingleses dentro una Guerra entre países (Inglaterra-España) dentro, a su vez, de una Guerra civil (católicos-protestantes).  Así que poned en duda lo dicho de que fue una batalla menor porque en esa pequeña población se dirimieron asuntos de Estado que tendrían eco décadas después.

El Camino Español

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