¿Por qué Guillermo de Orange despreciaba profundamente a Felipe II?

La escenificación del acto oficial de la abdicación del Emperador Carlos fue grandiosa. Tuvo lugar, el 25 de octubre de 1555, en el mismo marco en el que cuarenta años atrás se había producido su nombramiento como soberano de los Países Bajos. Carlos, vestido de negro, lucía sobre su pecho, como único brillo, el Toisón de Oro.

Al sentarse, tomó la palabra el presidente del Consejo de Flandes que expuso las razones que llevaban al Emperador a la abdicación. Cuando concluyó, Carlos se puso en pie y, atención al gesto, apoyado en Guillermo de Orange inició su discurso al término del cual la abdicación estaba completada.

Carlos abdicaba en su hijo Felipe, arrodillado, apoyándose en Guillermo de Orange. Es una imagen de las que valen más de mil palabras. La imagen tiene una fuerza brutal y da medida de la alta estima y consideración que el Emperador  sentía por Guillermo. No debemos perder de vista la escena porque los actores cambiaron el rumbo de la historia. El año 1555 daba los últimos pasos…

Impresionante chambergo en la T de Tercios

Felipe asentó su corte en Bruselas ya como rey de España y, entre otros territorios, soberano de los Países Bajos. La guerra con Francia reclamaba toda su atención y la situación estratégica de los Países Bajos le permitía una gestión adecuada de la situación.

El tiempo transcurre con los trasiegos de la campaña pero 1558 se muestra un año clave: La batalla de las Gravelinas decanta la balanza de la guerra para las armas del monarca español. Un poco antes moría la esposa de Guillermo de Orange (él ya viudo y afligido sin duda, añadió las extensas tierras de su difunta esposa a las suyas propias. Es lo que tiene). La victoria y la viudedad de Guillermo tienen una importancia relevante.

Como consecuencia de la contundencia de la victoria en Batalla de las Gravelinas se inician entre España y Francia las negociaciones que finalizan en la Paz de Cateau-Cambresis (3 de abril de 1559). La paz tiene un aspecto clave en este hilo argumental, no porque fuera un Tratado fundamental que marcó lo que quedaba de siglo XVI y gran parte del XVII, que también, si no porque tuvo todo el protagonismo una mujer muy preparada e inteligente: Cristina de Dinamarca.

No entraremos en detalle de cómo lo hizo pero quedaros con la idea de que, en buena medida, gracias Cristina de Dinamarca (orillada sin embargo por la Historia…), el tratado de Paz llegó a buen fín. Y con un resultado excelente desde el punto de vista de España.

Vamos, que ya llegamos al meollo…

En esa paz, que tardó meses en gestarse estaban, representando a Felipe II, el Cardenal Granvella y ¡Guillermo de Orange y el Duque de Alba! (mola ¿eh?). Allí, durante la larga elaboración de ese tratado, se conocieron y se “calaron” los unos a los otros. A la perfección.

Una vez alcanzada una paz entre Francia y España y estabilizada la situación, Felipe II empezó a preparar el viaje para dejar Bruselas y trasladar su corte a España (bendito sol…). Para ello debía dejar a alguien a la cabeza de los importantísimos Países Bajos  y teniendo la opción de poner a alguien de la familia, Cristina o Margarita (Cristina era prima de Felipe II, es decir, sobrina de Carlos I; y Margarita de Parma era hermanastra de Felipe II, hija extra-matrimonial de Carlos I) la cosa se reducía bastante. Cualquier otra opción estaba descartada.

Así que ahí teneis a Felipe entre Cristina y Margarita , Margarita y Cristina.

Margarita y Cristina

Margarita de Parma  |  Cristina de Dinamarca

Margarita, de los Países Bajos. Cristina, danesa. Ambas preparadas y educadas para puestos de responsabilidad. Y el Rey Prudente teniendo que decidir entre una y otra. La cabeza le echaría humo. En todo caso, a nadie se le podía escapar que la actuación de Cristina de Dinamarca en la Paz de Chateau-Cambresis le hacía tomar cierta ventaja. Ella al menos, lo tenía claro. Y Guillermo también.

¿Y por quién pensáis que apostó Guillermo?… Pensáis tal vez que Guillermo, un principe (sin reino pero príncipe), aquel sobre el que se apoyó Carlos I en su abdicación, aquel que estaba designado a ocupar los puestos de responsabilidad más altos … ¿pensáis que se quedó a esperar a ver qué pasaba? pues no… él hizo su apuesta. Apostó por Cristina.

¿Cómo se materializa su apuesta? Cortejando (de ahí la importancia de que fuera viudo) a las dos hijas de Cristina (¡a las dos! Renata y Ana, ambas católicas…detalle importante) para ir colocándose en posición. Una posición que era inequívoca. Clara como el agua clara.

¿Qué pasó…? pues que llegado el momento, Felipe II escogió a Margarita (ocurrió en 1559) como Gobernadora de los Países Bajos. Eso dejó a Guillermo con el culo al aire (no es literal, claro…) y lo sacó de un puntapié de la opción de ser máximo representante de los Países Bajos en los Países Bajos. Ciertamente le debió doler en lo más profundo.

No lo dejó Felipe II con las manos vacías, claro. Guillermo (que no iba lo que se dice descalzo) quedó como Estatúter de Holanda y Frisia,… un puestazo. Pero no era suficiente. Y si pensáis que ese reparto que había hecho Felipe II lo dejó satisfecho, los hechos que acaecieron después (no las palabras, ni los panfletos, los hechos) relatan todo lo contrario. Esa migaja para él, Guillermo de Orange, el apoyo del Emperador Carlos, no era en absoluto suficiente.

Así, se entiende mejor que en lo sucesivo, Guillermo no escatimara esfuerzos en dejar, por acción u omisión, patente la incapacidad de Margarita de Parma para la gobernación de esos territorios clave para la Monarquía. No prestando ayuda cuando era su obligación o azuzando desde la retaguardia la rebelión iniciada por los protestantes (escudándose en la tan manida libertad religiosa. Argumento muy utilizado desde los tiempos de Carlos I y que seguía, y seguiría, funcionando muy bien).

Y es por eso que Guillermo ejerce toda la presión posible para que salte de los puestos de responsabilidad el Cardenal Granvella (que sabe perfectamente de qué pie cojea Guillermo) consejero de Margarita. El ‘Taciturno’ no se detiene hasta que lo consigue, quedando Margarita a su merced.

Felipe II lo permite, seguramente, porque no conoce tan bien a Guillermo como el Cardenal Granvella, porque confiaba en que le seguía siendo leal (le dió esa oportunidad y muchas más…), que estaba a dos mil kilómetros (de los de la época) y porque tenía problemas muchísimo más serios entre manos (la amenaza global turca o “sencillamente” gestionar un Imperio…)

Así que, que quereis que os diga, a nuestros ojos, la animadversión, el desprecio rayando el odio de Guillermo de Orange hacia lo que significaba Felipe II tenia una causa principal: Felipe era el escollo para conseguir aquello para lo que él estaba predestinado: Ejercer él mismo el poder. Un poder que él opinaba que estaba legitimado a ostentar por rango, dotes y quien sabe si también por aquel gesto del emperador Carlos apoyándose en su hombro aquel día de la abdicación.

Guillermo de Orange

No es que no sea legítima la ambición de cada uno… pero enviar a miles de personas a una muerte segura (aunque sean mercenarios), a tu propia gente a la pobreza, e iniciar una guerra de ochenta años que divida tu país porque no viste cubiertos tus deseos inconfesables no parece mérito suficiente ni para que te dediquen un himno ni para ser un ‘padre de la patria’.

El Camino Español

PD: por cierto… ¿y con quien se casó Guillermo de Orange poco después?… con Ana de Sajonia, protestante para más datos y rica “por castigo”. No sea que las palabras escritas en libros antiguos o nuevos nos alejen de la verdad que reflejan los hechos.

3 Comentarios

  1. 26/03/2018    

    Buena descripción histórica de un periodo de nuestro tiempo pasado que es preciso entender , explicar a más gente, y rescatar del olvido. Somos también lo que hemos sido. Adelante!

    • Antonio's Gravatar Antonio
      19/06/2018    

      Cristina de Dinamarca no era hermana de Carlos I, si no sobrina, hija de su hermana Isabel y de Cristian de Dinamarca.

      • caminoespanol's Gravatar caminoespanol
        19/06/2018    

        gracias, por la corrección!

        entonces, Cristina y Felipe ¿primos? es que lo de los parentescos…

        saludos

        David

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