¿Por qué descubriendo éstos América no hay mapas famosos del Siglo XVI hechos por españoles?

¿Por qué descubriendo América y cartografiándola de cabo a rabo no hay ningún español, o portugués, que esté entre los famosos de los que se habla cuando se habla de mapas? Nos referimos a los Ortelius, Mercator, Blanc,… que son los nombres más reconocidos en este ámbito.

Es un tema que de vez en cuando nos viene a la mente al ver un mapa del Siglo XVI o derivado de alguna lectura que cae en nuestras manos relacionada con la cartografía de El Camino Español. Hemos de reconocer que esta incógnita nos escuece un tanto en este orgullo patrio que nos habita, así que hemos pensado en profundizar sobre el asunto.

Empecemos por el final. No es lo mismo un cartógrafo, que un cosmógrafo, que un geógrafo, que un grabador, que un impresor, que un navegante (piloto) y que un explorador. No vamos a andar dando definiciones que no aportan mucho pero está claro que antes de que un mapa, ahora igual que el siglo XVI, fuera adquirido por un cliente pasaba por muchas vicisitudes… y manos.

Vaya por delante que el pato al agua (léase, la fama) se lo lleva normalmente el impresor que si además es cartógrafo ya ni te cuento. Y también es una verdad cierta que del que nadie se suele acordar es el explorador que se jugaba el cuello entre enfermedades, hundimientos y flechazos.

Presume de la bandera de los Tercios de Spinola. En la T de Tercios

El perfil de Europa, Asia y África ya se conocía con cierta exactitud pero el descubrimiento de América dió a la geografía y el arte de hacer mapas un impulso brutal. De la mano de la experiencia, españoles y portugueses, empiezan a desarrollar nuevos y mejorados ingenios para plasmar más certeramente sobre “el papel” lo que ven en el Nuevo Mundo. Tarea ardua y complicada porque era absolutamente necesaria la exactitud (Por aquello de situar correctamente los lugares donde había riesgo de encallar, donde resguardarse, o las corrientes… eso y que allí no cabía opción de preguntarle al viejo marino de turno que se conocía la costa como la palma de la mano).

Todo el conocimiento que se recogía de las diferentes expediciones españolas al Nuevo Mundo se centralizaba en la “Casa de Contratación de Indias”. Y los mapas concretos levantados sobre territorios específicos se llevaban a un compendio que era actualizado y renovado con cada expedición que arribaba a España: El Padrón Real.

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En la Casa de Contratación de Indias trabajaban un elenco de los mejores cartógrafos del mundo. Que a la postre eran españoles por dos motivos: por pericia y capacidades propias así como acumulación de experiencias y conocimientos y, claro, por tener control sobre la información. Y es que esos mapas eran información altamente secreta. Es así. Y era obvio y lógico.

¿Y si quieres que sean secretos para qué vas a pedir que se hagan planchas para hacer largas tiradas de mapas? Efectivamente, no las pides. Te guardas la información en un cajoncito con llave.

Durante principios del siglo XVI era ya mucha gente en Europa que sabía que había un Nuevo Mundo pero nadie sabía ni donde estaba, ni como ir. Y claro, ni franceses, ni ingleses, ni nadie (exceptuando a portugueses que también mantenían sus secretos) tenían los arrestos para aventurarse a un viaje a ninguna parte. Ni tampoco nadie quería poner encima de la mesa el dinero necesario para aflojar voluntades que se embarcaran a un destino incierto. ¡¡Qué raro con lo listos y hábiles que son ingleses, franceses y demás… para los negocios!!… Pues eso. ¡Vaya desde aquí un ole a nuestra Isabel la Católica!

El tema cambia a raiz de unas dudas (y suponemos que algún rifirafe) entre España y Portugal a raíz de cómo se materializaba sobre el terreno el Tratado de Tordesillas. Deciden Felipe II publicar ciertos mapas para difundir y que se conozcan los límites de lo descubierto (que ya llevábamos entre ambos países tres cuartas partes de América recorrida y no podía faltar mucho…) y evitar más encontronazos desagradables.

Hasta entonces ni cartógrafos, ni impresores de otros países tenían ni idea, a ciencia cierta, de por donde les venía el aire en cuanto a la geografía del Nuevo Mundo. Estamos a mitad del Siglo XVI.

Y ahora sí. Si quieres publicar, lo haces para tener repercusión y para que se sepa. Además eres soberano de los Países Bajos Españoles (Felipe II, claro) donde tienen unas imprentas muy molonas y bien engrasadas y además, atención, estás en el centro de Europa con lo que la repercusión se consigue de manera rápida, profunda, fácil y barata. Así que haces el encargo de la impresión en, por ejemplo, Amberes, en el cogollo de Europa, donde además tienen experiencia dilatada en el particular.

Una vez la información sobre el Nuevo Mundo es pública, mucha gente siente curiosidad y está interesada en ella. Así que los cartógrafos e impresores se ponen manos a la obra para darle al público lo que quiere y que exalta su imaginación: Mapas. Y las imprentas se reproducen como por arte de magia, y con ello las publicaciones de mapas.

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Con la demanda sostenida (es decir, como se huele el negocio) se incrementa la oferta: se añade colorido, se hacen mapas más atractivos, más bonitos, con más dibujitos y tal y tal… Eso sí, unos copiándose a otros y aportando lo justito porque ninguno de ellos se había pateado la costa americana para comprobar si el mapa se ajustaba o no a la realidad.

Uno de los que da con el clavo es Abraham Ortelius (que también trabajó para la corona española… y encantado de la vida porque tiene acceso a toda la información sobre la geografía americana) que recopila, con arte, ciencia, un mismo estilo (y quemándose las pestañas), más de 70 mapas en un volumen y que consolidaba este tipo de publicaciones con el nombre de ‘Atlas’.

Claro que para entonces a nadie le importa un bledo ni de donde salió la información, ni quien pagó las expediciones, ni quien se dejó la piel o pasó mil penurias para que todos pudieran saber cómo era de verdad el mundo en que estaban viviendo. Y como nos parece injusto ahí andamos intentando poner un poco de orden en nuestra cabeza para saber el por qué de las cosas…

En resumen: Es la Casa de Contratación de Indias con su Padrón Real quien reúne, ordena, clasifica, actualiza toda la información de la geografía americana. Vaya desde aquí nuestro modesto pero sincero reconocimiento a todos los cartógrafos y navegantes (pilotos), archiveros, redactores y conservadores de actas, administradores y otras personas involucradas en la producción y gestión del Padrón Real. Españoles todos para más información.

El Camino Español

! Comentario

  1. Juanjo's Gravatar Juanjo
    29/12/2016    

    Muy interesante y amena información!!

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