Guillermo de Orange

Conde de Egmont decapitado: Cuando el hijo desdice al padre

Que cada uno se queda con la parte de la historia que le interesa, es cierto desde que el principio de los tiempos. También que no hay peor sordo que el que no quiere oir, peor ciego que el que no quiere ver, ni persona más dócil que la que no quiere pensar. Mucho de eso ocurre con lo que hoy traemos a colación: La decapitación del Conde de Egmont y si era merecedor de esta dura sentencia.

El padre del famoso pintor que convirtió en cornudo a Guillermo de Orange

Lógicamente en Holanda son poco de recordar que Guillermo de Orange, su padre de la patria, era un cornudo. Lo decimos sin acritud, de veras, aunque suene un poco descarnado, porque efectivamente no estamos por suavizar los adjetivos. No por nada, sino por estar a su altura, dado que los holandeses, así en general, son poco proclives a suavizar sus adjetivos con respecto al Duque de Alba y a Felipe II.

El virus de la Leyenda Negra crece en… España, con la Vanguardia.

Nos la trae al pairo si los flamencos tienen genes españoles o no aunque mal no les vendría tener genes de los Tercios Españoles, el nervio de la guerra. Lo que nos es de recibo es que alimenten la Leyenda Negra para sentirse más felices con una historia oficial que no casa con la real.

Entendiendo, por fin, la guerra de Flandes (II). Guillermo de Orange: -En Flandes, cuanto peor…¡mejor!

La primera invasión alimentada por 44.000 mercenarios alemanes había sido contundentemente respondida por el genio militar del Duque de Alba. En los dos enfrentamientos que dirigió él (Jemmingen y Jodoigne), el parcial fue de aproximadamente 10.000 bajas mercenarias a 100 bajas de los Tercios. El Clan Orange-Nassau además de ser unos terroristas, no daban la talla militar. Así que buscaron otros medios con los que golpear sin importarles quien pagaría las consecuencias: El comercio y la economía fueron los objetivos. La población de Holanda y Flandes sería quien pagara la factura.

Entendiendo, por fin, la Guerra de Flandes (I). 84.000 mercenarios de Orange contra los Tercios

No se puede entender, de verdad, la Guerra (civil) de Flandes, la mal llamada Guerra de los 80 años (que no fue una sola guerra y no duró 80 años) si no se atiende a ciertos hechos de bulto que, en general, los estudiosos del asunto han venido minimizando, no dándoles importancia, o directamente saltándose. El origen no holandés ni flamenco de los mercenarios de Guillermo de Orange es uno de ellos.

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El Duque de Alba defiende Holanda (III): La batalla de Jemmingen (3 de 3)

La batalla de Jemmingen fue la tercera batalla (1ª batalla, Dalen y 2ª batalla, Heiligerlee) que enfrentó a las fuerzas mercenarias invasoras, encabezadas por los Orange-Nassau contra las fuerzas leales encabezadas por el Duque de Alba y conformada principalmente por los Tercios Españoles que defendían tierras holandesas. Sí, los datos es lo que tienen.

El Duque de Alba defiende Holanda (III): La batalla de Jemmingen (2 de 3)

La batalla de Jemmingen fue la tercera batalla que enfrentó a las fuerzas invasoras, encabezadas por los Orange-Nassau y compuestas por miles de mercenarios alemanes, cuyo objetivo era romper la estabilidad de los Países Bajos, contra el ejército concentrado especialmente para proteger esa legalidad. Tierras donde era soberano Felipe II.

El Duque de Alba defiende Holanda (III): La batalla de Jemmingen (1 de 3)

La batalla de Jemmingen fue la tercera batalla que enfrentó a las fuerzas invasoras, encabezadas por los Orange-Nassau y compuestas por miles de mercenarios alemanes cuyo objetivo era romper la estabilidad de los Países Bajos, contra el ejército concentrado especialmente para proteger esa legalidad. Tierras donde era soberano en aquel momento Felipe II.

Guillermo de Orange en el poder o Cómo los Tercios se ganaron el Milagro de Empel

Para los cristianos protestantes, María, la madre de Jesús, no merece veneración religiosa. En los siglos XVI y XVII, periodo de exhacerbación religiosa llevada a las manos en los Países Bajos, atacar un templo dedicado a la Virgen era algo perfectamente asequible dado que no era lugar de culto. Pero y ¿Quién defendía esos lugares?

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