Flota de Indias amenazada (I). Robert Blake, el ‘No-Almirante’ inglés

La guerra abierta entre Inglaterra y España estaba alcanzando su punto álgido. El ataque inglés a La Española sólo había sido el comienzo pero Oliver Cromwell sabía que, si quería vencer a España, la Flota de Indias tenía que ser ‘objetivo de guerra’. Sobre todo porque necesitaba lo que transportaban…

Islas Madeiras, Febrero de 1657

Sobre la cubierta del flamante buque insignia, el ‘George’ de 54 cañones, el General observaba la impresionante flota que comandaba y que reposaba, con vaivén tranquilo, en las aguas del puerto.

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En realidad era General del Mar, concretamente. Esa era su graduación. Y aún así sus propios subalternos le miraban con cierto desdén. A veces incluso con desprecio. Guardaban las formas, claro, al fin y al cabo era el máximo responsable de aquella impresionante flota de la incipiente Royal Navy. Había quien decía que utilizaban ese rango para evitar que los marineros profesionales se dirigieran a él como Almirante. Reservado ése nivel sólo para los marineros de carrera. Así evitaban, decían las malas lenguas, que los marinos se sintieran ninguneados al ser mandados por un militar de tierra.

Ciertamente había llegado hasta allí por sus victorias tanto en tierra (en la guerras civiles inglesas) como en mar (en la guerra naval contra Holanda). Sin embargo a nadie se le escapaba que ocupaba ese puesto por el apoyo incondicional que recibía de Cromwell, el Lord Protector (el, por entonces, «jefe de estado» de Inglaterra y territorios englobados en lo que el propio Oliver Cromwell había dado en llamar la Commonwealth. Una suerte de república unión de territorios que incluía Inglaterra con Gales, Irlanda y Escocia).

Robert Blake. fuente: wikipedia

Robert Blake. fuente: wikipedia

La verdad es que, mirado con perspectiva, pensaba el General, no les faltaba razón a esos altivos capitanes. Al fin y al cabo, la primera vez que me subí a un barco contaba con algo más de 47 años. Luego pasaría a capitanear uno y al poco a comandar una flota.

— No lo haré tan mal. Concluyó con cierta sorna y una media sonrisa

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Ahí estaba él, Robert Blake, a sus 59 años.  Teníendo bajo su mando los treinta y seis navíos de guerra, que poblando con sus orgullosos mástiles la bahía, estaban preparados para cambiar el curso de la guerra que en aquellos momentos libraban Inglaterra y España.

Su objetivo principal era la captura de la Flota de Indias que saliendo de América llegaba a España cargada con metal precioso. Y en esas se encontraban. Esperando noticias sobre los movimientos españoles al respecto. Estaba ansioso Blake de quitarse el mal sabor de boca que le quedó del error mayúsculo cometido el año anterior. Esta vez no se le escaparía ni un solo ducado.

Londres, Inglaterra, Febrero de 1657

— ¡Y tomad el velero más veloz del puerto! urgía Cromwell a voz en grito al capitán que, con el sombrero en una mano y el documento en la otra, agachaba la cabeza a modo de respetuosa despedida mientras salía de la estancia caminando hacía atrás. Nada peor que dar la espalda al Lord Protector…

Sin embargo Cromwell ya no le miraba, estaba sumido en sus propios pensamientos:

— Dios estará de nuestra parte. Decía para sí.

Después del fiasco del año pasado con la Flota de Tierra Firme, que nuestros espías nos hagan llegar la información de que está presta a partir la Flota de Nueva España, es una gran noticia. Es un momento perfecto.

A poco que haya buena mar, el mensaje que acabo de enviarle a Blake llegará con tiempo para que abandone las Madeira y vaya a darles una calurosa bienvenida a los españoles a las puertas de Cádiz. Se relamía mientras se imaginaba la cara de angustia de Felipe IV al conocer la noticia del apresamiento de toda su Flota de Indias…

Necesito ese cargamento de plata. Ya lo necesitaba el año pasado cuando lo tuvimos al alcance de la mano… Se lamentó. Pero ahora…

La guerra que él había iniciado hacía dos años contra España, con el propósito de intentar desbancarla de sus tierras americanas, estaba fundiendo todos sus recursos económicos a una velocidad inusitada. Sin dinero no podría mantener un ejército que era el que, por otra parte, sostenía la situación de cierta calma dentro del país. Además, España debía ser el enemigo que hiciera olvidar las diferencias generadas por la creación de la Commonwealth y la fortaleciera… Que la República se hubiera convertido en una dictadura militar aderezada con un puritanismo intransigente era un mal necesario que le facilitaba las cosas.

Era la segunda vez que se enfrentaban a España… rememoró. La anterior vez, con la Reina Virgen al frente, la cosa acabó mal (Guerra de las Armadas). España sumió a Inglaterra en un pozo muy negro. Muy negro y muy profundo. Perdimos una flota mayor que su Gran Armada que nos hundió también económicamente. Ellos se recuperaron gracias en gran medida al flujo de metales preciosos de América. Nosotros no. Y nos pasamos cincuenta años de luchas internas y guerras civiles sin fin. Durante todo ese tiempo hemos sido irrelevantes en Europa. Hasta la diminuta Holanda ha dominado nuestros mares a placer…

— Pero esta vez será diferente. Por eso atacamos a la Flota de Indias. Esta vez no se podrán recuperar.

Y es por eso que había transigido con el error imperdonable de Blake del año pasado. Porque la idea se había revelado acertada pero la ejecución había sido pésima. Y él, Blake, le había convencido de que aún fallando la primera vez, tenía claro cómo alcanzar el éxito:

— La superioridad numérica es fundamental para atrapar la Flota de Indias. Eso le había argumentado su General del Mar. Sólo con superidad numérica incontestable que evite la lucha, se puede apresar la Flota española. Pero se puede hacer…

Eso tenía sentido. Y por eso le había dado lo que había pedido. Una flota imponente, bien armada y con tripulaciones apropiadas: 36 barcos, 1.100 cañones, 6.000 marineros. Cromwell sabía que Inglaterra no podría aguantar un esfuerzo así por más tiempo si no tenían éxito… era necesario atrapar la Flota de Nueva España que estaba presta a partir. Toda. Al completo. Ahora o nunca.

El Camino Español

1 comentario

  1. José Antonio Segura Rodriguez's Gravatar José Antonio Segura Rodriguez
    12/12/2018    

    Todavia les duele a los ingleses el que le cortara nuestro gran almirante Don Blas de Lezo al pirata Henkil, apreciado subdito del rey britanico y la advertencia que le encomendo el almirante espanol que le transmitiera a su rey ingles.
    Recomiendo la lectura de este magnifico episodio que acelero el ataque ingles a nuestra flota (exigua pero valerosa) en cartagena de indias. Eso si que todavia no lo han olvidado a pesrar de que su rey ordeno que esa humillante derrota que les infligimos, desapareciera de todo conocimiento pulico, de los libros, incluso de su historia. Algo que para su verguenza, les recordo nuestra armada no hace mucho tiempo, enviando al buque espanol Blas de Lezo al acto internacional de la celebracion de si victoria en la batalla de Trafalgar, para verguenza de ellos. Cada comandante de lo navios participantes en la concentracion naval, dentro de los actos programados para tal evento, debian dar una charla sobre el nombre de su navio. Imaginense la sorpresa de los britis cuando se enteraron del navio espanol que les visitaría. Creo que no le permitieron el pasa a la darsena del Támesis.
    Como espanol me descojone. Pero bueno, hay nos queda la espinita de Gibraltar.

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