Día 1. A los pies del gigante.

Ha sido una etapa impresionante, de veras.  la ausencia de información específica (más allá de lo obvio y el gtrack previsto) sobre el recorrido ha sido mano de santo: ha sido una etapa magnífica.

Ahora vamos a ello, pero empecemos por el principio: la salida desde el Cervantes.

No podemos dejar pasar la oportunidad de dar las gracias al Instituto Cervantes de Milán (y en especial a Teresa Iniesta, directora del Cervantes de Milán, por su entusiasmo y su energía. Y a Carmen Canillas y Laura Pollachini  que desde el día uno que les hablamos del proyecto hace ya años nos colmaron de atenciones y cariño para facilitarnos la aventura que queremos agradeceros públicamente).
Dicho esto, fuimos al punto de la mañana al IC y estuvimos charlando muy agradablemente alrededor de unos cafés comentando de todo un poco (la ruta, los proyectos futuros suyos y nuestros,…). Un rato de lo más placentero.

Y con las mismas nos enseñaron la nueva sede del Cervantes de Milán. Un edificio completo con un patio de luces precioso, salas para las clases (con nombres de ciudades hispanohablantes) de todos los tamaños. Luminoso, funcional, y ese patio de luces que le daba un toque de lo más hispano. Aprovechamos la ocasión para hacernos unas fotos mientras nos sellaban la credencial y luego en la entrada para darnos suerte y ánimo en las etapas que nos quedaban por hacer.

De ahí nos fuimos todos a la calle Calderón de la Barca (que da nombre la ruta de este año por haberlo hecho él). Donde inmortalizamos el momento con el nombre de la calle al fondo y ataviados de un morrión y un chambergo de la época para darle la referencia histórica apropiada a lo que íbamos a hacer más de cuatrocientos años después en bici.

Y con las mismas, y después de despedirnos, nos dirigimos a la plaza del Duomo. Foto para seguir con la tradición y hacia el canal de  Martesana.

Y ahí empieza lo bueno, que digo lo bueno,lo mejor. El canal es una auténtica delicia. De cabo a rabo. A medida que se avanza la corriente del canal se hace más poderosa y transporta más agua. Y es que nos acercamos al Adda del que se nutre el canal.

Ya os digo, visualmente es precioso durante todo el recorrido (unos 30 km). Pero no sólo eso. El canal esconde joyas de otro tema que nos interesa particularmente: huella de la época española.

Ahí va una muestra: el Palazzo Serbelloni en Gorgonzola. Si, la población que da nombre al queso. Ese Palazzo es de 1571, es decir época española. El tal Serbelloni compró lo que había construido previamente y construyó el resto de lo que se puede ver. Y además compró el resto  del pueblo.

Pues los Serbelloni era una familia española que italianizó el nombre y estaban a las órdenes de Carlos I y Felipe II. Ahí hay hilo del que tirar…

Pero tendrá que ser más adelante. Ahora toca seguir pedaleando. Y remontar el Adda nos deja estampas sorprendentes por su belleza. No me creáis si no queréis, venid y vedlo por vosotros mismos.

Lo hacemos hasta Lecco a los pies del Lago di Como. Qué queréis que os diga, llueve sobre mojado. Una etapa fantástica de principio a fin.

Aunque bueno, aún quedaba un paso. No utilizamos los barcos que usaban los tercios, sino un tren, pero el objetivo es el mismo, finalizar la etapa en Colico. Una población donde la huella de la época española está muy muy presente. Y una población de la que hay que dar un sorprendente dato para entender por qué fue tan importante en el siglo XVII.

Nos alojamos en Cólico porque, además de ser etapa del Camino Español, está a las faldas de gigante que debemos superar mañana: el Splugen. 2000 metros de desnivel en poco más de 20 kilómetros. Que dios nos pille confesados…

El Camino Español

Por dios: no utiliceis la expresión «dominación española» es horrorosa e incorrecta. Los italianos la usan a todas horas… De la misma forma que nosotros no utilizamos «dominación romana» cuando hablamos de la época romana en la península. Así que olvidado «dominación»,  mejor “época española“.

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