I – Terrible Trienio (1568-1571): Los “Mendigos del Mar” o cómo empobrecer a tu propia gente. 1568

A Guillermo de Orange le había quedado meridianamente claro: Militarmente no tenía nada que hacer. El Duque de Alba era mucho mejor militar y estratega que él o cualquiera de los que le seguían. Y los Tercios, los mejores en lo que hacían. Daba igual el numero de mercenarios que pagara de su bolsillo, esos españoles vencerían a cualquier enemigo en un campo de batalla.

— Si por lo militar no puedo, pensaba Guillermo en su retiro dorado, probaré otras cosas. Pero esto no se va a quedar así. ¡Es mi destino liberar a mi pueblo!  ( o algo, más o menos ,así vino a pensar juzgar por sus actos…)

Así que en 1568, poco después del fiasco de invadir los Países Bajos, financia la creación de los “Mendigos de Mar” cuya principal ocupación era apresar barcos con destino Flandes, con especial cariño a los provenientes de la Península Ibérica, para quedarse con su carga. Su hermano Luis de Nassau (participante del Compromiso de Breda, la batalla de Heiligerlee, y que dio su último respingo en la Batalla de Mook) se fue a la Rochelle (puerto protestante francés) donde tenían buenos contactos con el fin de pedir permiso para utilizarlo como puerto franco. Guillermo de Orange, mientras tanto iba expidiendo Patentes de Corso a diestro y siniestro para ir captando lo “mejorcito” de cada puerto.

A los maleantes de turno que iban enrolando se les ponían los ojos como platos: ¿barcos llenos de monedas y riquezas y nosotros con “permiso” para capturarlos? ¿Dónde hay que firmar…? (es un decir, claro… Pero ya podéis adivinar con qué “plantilla” contaba Orange. Dios y ayuda les costaría controlarlos. De hecho no fueron capaces. Pero esa es otra historia…).

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Sin embargo estas acciones eran en realidad más perniciosas para los Países Bajos que para la Península (aunque finalmente consiguieran el mismo objetivo…) por la sencilla razón de que lo que venía de España eran principalmente materias primas.

¿Y?, tal vez penséis… Con dos ejemplos, tal vez podamos daros una idea.

Los arenques eran una de las principales actividades industriales de los Países Bajos. Pescarlos para luego salarlos. Mucha gente trabajaba en el sector, bien pescando, bien haciendo barcos para de pesca, bien salando,… Y esa industria, que generaba excelentes beneficios, funcionaba con sal. Mucha sal. Toneladas de sal.

Sal que los Países Bajos no podían producir (el clima es lo que tiene) y que importaban desde España desde hacía decenas de años. Con la aparición de los “Mendigos del Mar”, los barcos con sal de la península empezaron a dejar de llegar… y si no había sal, no se podía salar los arenques, así que no merecía la pena pescarlos, ni hacer barcos para pescarlos, ni contratar tripulaciones, ni tejer redes. Sin sal no había industria.

Las consecuencias no difieren mucho de las de ahora: despidos, cierre de empresas, paro … ¿Y Orange? , pues Orange financiando a los Mendigos de Mar. Encantados todos ellos de conocerse y siendo muy “patriotas”, jodiéndole el negocio al comerciante español y flamenco. Y de paso la vida a los holandeses y flamencos de a pie que eran los que se quedaban sin trabajo. No nos consta que hubiera remordimientos por su parte.

Ahí va otro:

La lana era otra de esas materias primas que llegaban a Flandes y no se podían sustituir. Los paños flamencos eran famosísimos entre otras cosas por la excelente materia prima. Eran un producto de lujo. Un producto sobre el que había creado toda una industria y que tenía fama “mundial”.

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Un producto con unos márgenes brutales y cuya materia prima era, casi en exclusiva, lana de oveja merina castellana cuya calidad estaba a años luz de otras. Una lana de menor calidad implicaba un producto que ya no era de lujo…

Con los “Mendigos del Mar” la lana castellana empezó a dejar de llegar a Brujas y Amberes (principales puertos de recepción de esta materia prima)… Los costes se incrementaron (a más riesgo, más coste), la materia prima escaseó (a menos materia prima y sin alternativa, más coste) y las teleras empezaron a detenerse porque los costes se disparaban… Los beneficios desaparecieron, la industria se frenó en seco y se incrementó el paro también en este sector

Y claro, no entramos en el detalle que nos daba Alonso de Vargas:

Claro que tampoco tenían “melocotones, higos, ciruelas, melones, hortaliza muy poca, lechugas, perejil, no se siembran ajos, ni los comen. No hay pimientos, azafran, sal, ni garbanzos, lentejas, arroz, ni almendras, porque todo se lleva de España. No hay olivas ni aceite, en lugar dél se adereza de comer con manteca de vacas. No hay naranjas, ni limones, ni otras frutas desta calidad, ni en las campañas ni montes hay romero, espliego o alhucema, tomillo ni ningún género de hierbas olorosas”.

(Con la aparición de los “Mendigos del Mar” los días de mercado en Flandes debían ser tristes de castañas.)

Tal y como tenía en mente Guillermo de Orange y sus “secuaces”, esta situación era perjudicial para la economía española (tanto castellana como aragonesa) porque su materia prima estaba perdiendo uno de sus mejores clientes (con el que además compartían soberano, con las facilidades que proporciona eso) pero como “la pela es la pela” los españoles derivaron sus productos hacia otros mercados afines, como el de la península itálica o como la Francia católica con los que ya mantenían canales comerciales abiertos.

Efectivamente algún beneficio se dejaban por el camino los castellanos y aragoneses con ese cambio forzado pero los que empezaron a pasarlo mal de verdad fueron en realidad los Países Bajos que veían como su industria se frenaba, sus negocios empeoraban y sus márgenes se reducían drásticamente porque no conseguían obtener de su proveedor habitual las materias primas. Y cuando buscaron ávidamente otros proveedores, con el peligro que implicaba los “Mendigos del Mar”, ¿quién se arriesgaba…?

Los empresarios holandeses, flamencos, valones… ante la baja demanda y la pérdida de márgenes económicos despedían a los trabajadores y a los que mantenían les reducían el sueldo. Los trabajadores viendo que el trabajo escaseaba no estaban para muchas gaitas porque al fin y al cabo los hijos tenían que seguir comiendo y viviendo bajo techo. Y más en los Países Bajos donde el clima no daba muchas alegrías: “de doce meses del año, nueve son de invierno y tres de infierno”, nos relataba Alonso de Vargas 

¿Y Guillermo de Orange?, Guillermo de Orange, en Alemania. Con sus “lunes al sol”, viéndolas venir y provocando desde la distancia aquello de “cuanto peor, mejor”.  Y más si podía echar las culpas con panfletos y canciones al que gobernaba. Mientras, su hermano Luis de Nassau o luego William de La Marck, al frente de los Mendigos del Mar, iban generando el caldo de cultivo para que ni las autoridades de los Países Bajos, ni la gente de a pie pudieran sacar su, de por sí difícil, día a día con normalidad.

El primer pilar y más dañino que tendría como consecuencia tres años pésimos (y luego más) para la vida de los flamencos, holandeses y valones acababa de ponerse. Esa daga en el corazón de su economía tendría unas consecuencias penosas. El Terrible Trienio iniciaba sus pasos…

El Camino Español

 

Serie el Terrible Trienio

I – Terrible Trienio (1568-1571): Los “Mendigos del Mar” o cómo empobrecer a tu propia gente. 1568

II – Terrible Trienio (1568-1571): Isabel de Inglaterra roba a los Tercios y hunde más a los flamencos. 1569

III – Terrible trienio (1568-1571): El Duque de Alba hace de “Montoro”. 1569

IV – El Terrible Trienio (1568-1571): El Tsunami de Holanda o las dos puñaladas a Flandes. 1570

V – El Terrible Trieno (1568-1671). La Pequeña Edad de Hielo: Inviernos heladores. Veranos infernales

VI – El Terrible trienio (1568-1571): Peste en Amberes. 1571

! Comentario

  1. 02/09/2015    

    Muy buenos datos que hacen honor a la real historia. ¡Así fue!

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