Cartografiar y comunicar América cambió el mundo. No descubrirla.

Está claro que el primer viaje de Colón (y los hermanos Pinzón y poco más de 300 valientes onubenses) tuvo una importancia fundamental. Pero fue lo que vino después, volver y volver y volver a volver, a pesar de las dificultades y durante más de trescientos años, para comunicar el nuevo continente, lo que resulta absolutamente fundamental en la Historia de la Humanidad.

Sin olvidar el riesgo de atravesar, una y otra vez, el Océano Atlántico y el Pacífico (y sin conocer con la exactitud actual la Longitud) y de explorar las costas del Continente, sus montañas, sus valles y desiertos.

A veces, las menos, con ciertos réditos económicos por encontrar aquí y allá una mina de mineral precioso. Pero la inmensa mayoría de las veces, las expediciones volvían (los que volvían) con las manos vacías en lo económico, muchas penalidades a las espaldas, y eso sí con un nuevo mapa detallado de una zona hasta entonces incomunicada del resto del mundo.

Un mapa local que era laboriosamente adjuntado a un mapa general que identificaba pormenorizadamente como la frontera a lo desconocido cedía paso al conocimiento (El Padrón General de la Casa de Contratación. Sevilla). Resulta la vital darle la importancia debida a este hecho y sus implicaciones.

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Una tarea que los españoles de entonces mantuvieron durante tres siglos y que involucró directa en indirectamente a millones de compatriotas (tres siglos dan para mucho). Desde aquellos que no tenían nada que perder y que se arriesgaron a ir al Nuevo Mundo (ahora les llamamos emprendedores) hasta los ingenieros, administradores, sacerdotes, artesanos, médicos,… que eran destinados a América (cuyo nombre nació en el Camino Español) para gestionar aquella inmensa extensión de terreno con las fórmulas y las técnicas más avanzadas de la época.

La aventura de todo un país que vino acompañada de muchos riesgos, competición, avances técnicos y de conocimiento en muchos campos, y que el paso del tiempo ha ido ocultando. Una epopeya de la que se ha hablado y escrito millones de palabras pero que se ha centrado con demasiada frecuencia en lo que no es lo realmente importante: La conexión de América, a través de los dos Océanos, con el resto del mundo. Eso revolucionó la tecnología, el conocimiento y marcó a los hombres el camino de un nuevo futuro donde ellos decidirían dónde querían llegar.

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Descubrir América fuera tal vez motivada por el tesón de Colón, por la visión de nuestra siempre admirada Isabel o por la destreza de un puñado de marineros (bendecidos por nacer en Huelva. Ciudad marinera y atlántica). Seguramente todo junto. Pero que España cartografiara y conectara América fue el anhelo de todo un país que lanzó el mensaje al mundo de que no se aceptaban límites. “Plus Ultra” son las palabras que lo representaron y que forjan nuestro escudo. Un anhelo que los hombres de todas las naciones no han parado de reeditar desde entonces en todas las materias del conocimiento, sabiendo ya a ciencia cierta que ese es el camino correcto: No hay límites.

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“La actitud de no pensar en el fracaso llevó a superar todos los obstáculos y conseguir algo que es un orgullo para todos los humanos”. Esto lo dijo Walter Cunningham, astronauta del Apolo 7, sobre la carrera espacial. Una sentencia que palabra por palabra se puede aplicar a aquellos hombres y mujeres que con su esforzado día a día terminaron por comunicar América tanto dentro de sus propios límites como, a través de los Océanos, con Europa y Asia.

El resultado de ese sacrificio, cuatro siglos después, nos resulta tan obvio y asumido que es difícil darse cuenta de lo que representa. Es como valorar el poder crear fuego. Resulta a día de hoy tan fácil hacerlo con las herramientas adecuadas… y sin embargo, en su momento, saber hacer fuego fue un avance fundamental que cambió el mundo. Como el fuego, cartografíar y comunicar América cambió el mundo. La diferencia es que esto último sí que sabemos quien lo hizo.

El Camino Español

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