1601-1604 · El sitio de Ostende: La Batalla Total

Ostende era clave. Eso estaba claro. Desde allí partían las naves que hostigaban las tierras leales al rey español. Bueno, al rey español ya no… desde 1598 eran ya tierras “leales” a Isabel Clara-Eugenia (hija de Felipe II) y, su esposo, el Archiduque Alberto.

Para los nuevos soberanos era clave tomar esa plaza porque ayudaría a estabilizar la zona católica, dado que desde ese puerto protestante partían muchos de los barcos que amenazaban a su territorio y también a los barcos que navegaban por la zona, impidiendo el libre comercio. Así que estaban decididos a tomarla.

Esos renovados esfuerzos de guerra de los jóvenes soberanos iban contra las líneas apuntadas por Felipe II cuando enajenó los Países Bajos Españoles buscando detener la guerra con los rebeldes o cuando pactó la paz de Vervins con la ansiosa Francia… Tal vez fuera cierto que la corona española perdía un poco de protagonismo pero ¿qué había de malo en darles un poco de carnaza que llevarse a la boca a los (hasta entonces) enemigos… con tal de dejar a su joven hijo (y sus territorios) un poco de paz en el horizonte?

Iba en contra, decíamos, de lo marcado desde España, pero es que para entonces los Países Bajos Españoles eran un estado independiente (tutelado si queréis… pero independiente). Así que hacía 1601 se inicia el asedio de Ostende. Un asedio que por su crudeza, su duración, por la cantidad ingente de hombres y dineros que se tragó fue tildado de épico, al nivel incluso del sitio de Troya. Hasta el punto que tanto escritores como pintores lo incluyeron como argumento de sus obras.

Nueva novela, El Asedio de Haarlem. En la T de Tercios

TSR_terciosFue en este asedio cuando Ambrosio Spínola irrumpe en escena. Inicialmente en un segundo plano, donde se mantuvo durante dos años en los que al frente del duro asedio estuvo el Maestre de Campo Juan de Rivas. A su muerte (cosas de la guerra…) en 1603 Spínola es nombrado como máximo responsable del sitio. Difícil prueba se le presentaba…

Los sitiados se defendían bien, muy bien. Tenían unas excelentes defensas y estaban regularmente avituallados gracias a las provisiones que les llegaban por el río que bordeaba la ciudad. Comandaba el ejército protestante que hostigaba a los sitiadores un chaval de 17 años que no había conocido al Duque de Alba, ni la furia iconoclasta y al que seguramente la religión le importaba una higa pero que tenía muy presente que a su padre lo asesinó un católico (aunque hiciera ya 20 años) a petición de Felipe II (que también había muerto…). Era Mauricio de Nassau. Uno de los muchos hijos “segundones” de Guillermo de Orange (Tuvo 15 hijos legítimos con 4 esposas y uno ilegítimo. Sorprendente… aunque no está claro si por los hijos… o por los matrimonios…).

TSR_Ostende_Belgica

Al tal Mauricio se le daba bastante bien el tema militar. Lógico, después de tantos años como llevaba trajinando con el asunto de la guerra… al fin y al cabo era lo que llevaba haciendo desde su más tierna infancia. A qué se iba a dedicar si no…

Para haceros una idea de la magnitud, os diremos que Mauricio y Spínola (cada uno los suyos, claro) movieron, durante el asedio, del orden de 100.000 a 120.000 hombres… una brutalidad habida cuenta del tamaño “reducido” que podría tener una fortaleza (por muy grande que fuera…). Y claro, aquello era la ONU: holandeses, flamencos, valones, españoles, alemanes, italianos, franceses, irlandeses… ingleses.

De éstos últimos los había en los dos bandos. Y no sólo como mercenarios sino como voluntarios, sobre todo los católicos, para luchar por aquello en lo que creían en otro país porque en el suyo propio, la religión católica estaba proscrita. E infringir eso se pagaba con la vida.

Es el caso del inglés Guido Fawkes, conocido más popularmente por Guy Fawkes, que luchó valerosamente en las filas católicas y que estuvo también batiéndose el cobre en Ostende. El tal Fawkes estuvo a punto de cambiar el curso de la historia de Inglaterra y quien sabe si del resto de Europa. Fue al conocer, en Ostende, a otros ingleses que ponían todo su empeño en intentar luchar contra el protestantismo asfixiante su país.

Pero volviendo al asunto… Ostende, casi como quien no quiere la cosa, se convirtió en el punto geográfico donde dirimiría de una vez por todas ese maldito conflicto. Un órdago a la grande, a la chica. Y a pares y a juego, si los había, también (… para los que gustan del Mus…). Esa batalla debía dar un vencedor y un vencido para esa guerra que desangraba desde hacía tantos años los Países Bajos. Así que protestantes y católicos, rebeldes y leales iban echando el resto… mientras las murallas de Ostende se lo iban tragando todo.

Pero Spínola era mucho Spínola. Y los Tercios, que queréis que os diga, eran los mejores. Así que el lazo, con sacrificio extremo, se fue estrechando… hasta que se cerró.

Ostende capituló en 20 de septiembre de 1604. Spínola, y con él los Tercios, valoraron la entrega y determinación de los sitiados y les dejaron ir con honores (al igual que haría años después en Breda…). Lo cortés no quita lo valiente y, al fin y al cabo, eso daba mayor lustre a la victoria. Ostende, el baluarte protestante, el puerto base de los Mendigos del Mar, una de las joyas holandesas, pasaba a la lealtad de los soberanos de los Países Bajos Españoles que ya no abandonaría durante los 100 años que estuvo bajo corona española. Durante esas décadas fue mimada como quien valora en extremo un objeto que ha costado mucho sacrificio obtener.

Cuando callaron los cañones y los mosquetes y ambos bandos empezaron a palparse, se dieron cuenta de que no se habían guardado nada… y que ambos estaban exhaustos. Las Provincias Unidas empobrecidas y con sus ciudadanos exaltados contra los que les habían metido en esa guerra fratricida. Los Países Bajos Españoles tres cuartos de lo mismo. Y ninguno de los dos estaba en condiciones de rematar la faena… (Ostende fue uno de grandes motivos que llevó a ambos a pactar una tregua años después).

Seguramente alguien le susurraría a Felipe III (que andaba liado siguiendo a pies juntillas la directriz de pacificación iniciada por su padre. La Pax Hispánica se dio en llamar), que si hacían un último esfuerzo sobre Flandes, ésta caería como fruta madura… — Sí, de cojón!, (que en tierras aragonesa viene a ser un ‘no’ rotundo y sin paliativos), debió pensar…

Total que no quiso ni oír hablar otra vez de entrar en Flandes, centrado como estaba en dejar de guerrear con los cansinos de los ingleses. La única ayuda que estaba dispuesto a proporcionar a sus tíos (Isabel Clara Eugenia y Alberto) era de incluir en los acuerdos de paz que estaba tratando con Inglaterra unas cláusulas para que los ingleses no ayudaran a los protestantes holandeses… pero nada más. Y aún suerte… porque eso podría tener contrapartidas que no molaban nada. Que con los ingleses ya se sabe…

Dicen que la toma de La Esclusa, una población un poco más al norte de Ostende, por los protestante restó valor a la toma de Ostende. ¿Y qué van a decir…? ¿Que les encantó que les tomaran una plaza clave donde lo habían apostado todo?… pues eso. La Esclusa nunca alcanzó, ni por asomo, el nivel de Ostende en la partida de ajedrez de Flandes.

A partir de entonces, para la corona española, Ostende fue siempre clave y “especial”. Así lo atestigua que todos sus gobernadores, durante los últimos 100 años de la época española, fueron única y exclusivamente españoles.

El Camino Español

¿Y tal Guido Fawkes?¿Qué fue de él? Próximamente…

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