El Duque de Alba defiende Holanda (II). La Batalla de Heiligerlee

Seamos sinceros, holandeses, en realidad, había pocos. Pero los que había eran de nivelazo. Ni mas ni menos que los Nassau, con el Principe de Orange como hermano mayor a la cabeza, y unos pocos leales a éstos. Lo explicamos: Guillermo de Orange se había retirado prudentemente (por decirlo fino) a su feudo de Dillenburg (en el interior de Alemania) después de lo difícil que se habían puesto en los Países Bajos las cosas para los díscolos a la lealtad al rey.

Como no tenía nada más provechoso que hacer dedicó su hacienda (la que le quedaba, que no era poca), su vida y la de sus hermanos a maquinar la invasión de Flandes con el objetivo de que sus conciudadanos se rebelasen, aún a la fuerza, contra su rey.

Hay quien dice que lo hizo para salvar su honor y su reputación (pensábamos que eso era exclusivo de españoles pero parece que no), puesto en entredicho tras ser despojado de sus posesiones y cargos en Flandes por la traición a su rey. Sentimiento que se podría resumir, tal vez, en los mundanos despecho o venganza.

Sea como fuere, en esa tesitura, engarza una triple ofensiva (ahí es nada) contra los Paises Bajos Españoles. Por el sur se alía con los protestantes franceses y por el norte, una que encabeza el propio Guillermo y otra dirigida por dos hermanos suyos. De ésta última se celebra efemérides recientemente (23 de mayo) y tiene como protagonista una colina de cerca de un monasterio: Heiligerlee.

Presume de la bandera de los Tercios de Spinola. En la T de Tercios

Eran, como decíamos, sobre todo mercenarios alemanes, un total de 4.000 hombres (que le costarían un buen dinero…), encabezados por Luis y Adolfo de Nassau, hermanos de Guillermo de Orange, y que entran en los Países Bajos por el norte (por la provincia de Groninga) para intentar forzar que la ciudad principal, Groninga, se levante contra su rey.

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Poco (ningún) éxito tienen los protestantes, dado que la ciudad, que cierra sus puertas, no está por la labor y los miran, curiosos, protegidos por sus murallas… Los protestantes se retiran apesadumbrados sin ni siquiera intentar sitiarla ante la insuficiencia de tropas y aparejos para tal fin. Se dedican entonces a campar y atemorizar la provincia sin rumbo fijo.

El Duque de Alba le dice a Johan de Ligne, Conde de Aremberg y Estatúder de Frisia, Groninga y Overijssel, que con un pequeño ejército de unos 3000 hombres (cuyo componente principal es el Tercio de Cerdeña) le salga al paso para poner coto a semejante despropósito.

Esa acción detiene el avance de los protestantes fijándolos en una zona geográfica. El Conde de Aremberg, por otra parte, rechaza presentar batalla a la espera de refuerzos. Frente al criterio del conde, los españoles le presionan para que permita un ataque a las tropas enemigas, suponiendo a los protestantes presa fácil (tal y como había ocurrido un mes antes en la Batalla de Dalen) y deseosos como estaban de entrar, por fín, en combate y apuntarse otro nuevo triunfo en sus flamantes banderas. Finalmente el Conde cede. Poco después encontraría la muerte por esa decisión. En todo caso, fue mejor eso que lo que le ocurrió al Tercio.

Sucedió el 23 de mayo de 1568, la caballería comandada por Adolfo consigue atraer al ejército realista cerca del Monasterio de Heiligerlee que habían convertido en una posición fuerte. Es tarde cuando el Tercio se da cuenta de que es una emboscada muy bien orquestada. La batalla se desarrolla con rapidez si bien las tropas realistas empezaron a perderla mucho antes del primer disparo de arcabuz. Tanto Adolfo de Nassau como Johan de Ligne encuentran muerte con honor en la lucha. También mueren tres capitanes, siete alféreces y 450 soldados del Tercio por la precipitación y soberbia de sus mandos. Pocas bajas hay en la parte rebelde.

TSR_Opening 444 jaar Slag bij Heiligerlee (113)

Cuando llega a oídos del Duque de Alba la derrota en este segundo encontronazo serio (el primero fue la indicada batalla de Dalen), se le ponen los pelos como escarpias del cabreo ante la actuación del Tercio. Organiza inmediatamente la respuesta que será contundente. Muy contundente.

El mal sin embargo, estaba hecho, a las primeras de cambio había quedado patente que los temibles Tercios podían vencerse. Claro que para eso a Guillermo de Orange y sus hermanos no les bastaría con alquilar 4.000 soldados por muy alemanes y protestantes que fueran…

El Camino Español

PD: El Duque pondrá en su sitio a los rebeldes poco después en Jemmingen. No había olvidado, sin embargo, la indisciplina del Tercio de Cerdeña, que a la vuelta de esa batalla victoriosa y ante una nueva indisciplina generada por el Tercio, ordenó su disolución inmediata con deshonor, rompiendo sus banderas.

Se dice que los hombres del Tercio, uno de los más antiguos, respetados y afamados por su entrega y valor, lloraban como niños desconsolados. “Mejor morir en batalla que penar con la carga de vivir con deshonor”, dicen que murmuraban cabizbajos.

El Duque de Alba era duro e inflexible para todos, también para los españoles. Los había que lo entendían y otros que no.

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