España marcó tendencia

El XVI fue sin duda el siglo de España. El inmenso poder territorial de la monarquía de Carlos I y su hijo Felipe II hizo que las cortes europeas se rindieran a los Habsburgo. La moda es un fiel reflejo de cada época y sociedad, conforme ha ido avanzando la historia se han tenido nuevas necesidades que atender y la indumentaria se ha ido adaptando a los tiempos.

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Imitar los hábitos y gustos de los poderosos es un fenómeno consustancial a la especie humana y durante aquella época el vestir “a la española” era considerado signo de gran elegancia y distinción. A partir de 1540 las clases altas europeas empezaron a seguir nuestra moda y aproximadamente veinte años mas tarde lo adoptaron otras capas sociales. No debemos entender este fenómeno como una simple copia de nuestros modelos sino una adaptación a los gustos de cada lugar, por poner un ejemplo las italianas no renunciaron a su escote (a mi juicio una sabia decisión).

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Las telas preferidas por los caballeros eran el paño y el terciopelo, normalmente el traje era del mismo color. La lana producida en la península era de gran calidad y muy apreciada en el extranjero. Había muchos tipos de telas fabricadas a base de lana, entre los mas usados por los hombres estaba el paño que era basto y grueso y la bayeta, de cuya existencia se tiene constancia desde el siglo XIV, de gran calidad y muy usada para capas y ropas de abrigo.

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Frente a las formas verticales del gótico que tendían a alargar la silueta, en el siglo XVI se produce un ensanchamiento de la misma. Sobre la camisa, siempre blanca ya que este color simbolizaba limpieza y aseo, los hombres vestían jubón, calzas y sayo. Como ropa de abrigo se usaba el sobretodo al que también se llamaba simplemente ropa. Si observamos el maravilloso retrato de Carlos V pintado en 1533 por Tiziano que se encuentra en el museo del Prado, comprobamos claramente como los volúmenes son claramente horizontales.

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El gran lujo que desplegó el emperador al vestir tuvo su punto de inflexión en 1539 al quedar viudo de Isabel de Portugal. A partir de ese momento Carlos V vistió de negro y de una manera mucho mas sencilla. En 1540 con motivo de su viaje a París, se escribieron una serie de crónicas que se hacían eco de la sorpresa que provocó en los anfitriones franceses la sencillez con la que vestía el “rey guerrero”.

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En cuanto a las formas de la vestimenta “a la española”, su objetivo consistía en realzar la silueta por lo que eran estrechas. El concepto de elegancia masculina radicaba en la calidad de los tejidos y en el buen corte de las prendas. A partir de la segunda mitad del siglo XVI se creó en nuestro país una moda verdaderamente nacional cuyos preceptos y signos distintivos llegarían al 1700.

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Felipe II adoptó el color negro como norma de su vestimenta, esto siempre se ha entendido como un hecho consustancial a la leyenda negra que durante siglos tuvo como protagonista al llamado “rey prudente”, pero en la actualidad los expertos consideran que este color fue escogido porque representaba la elegancia y la sobriedad de la que el rey hacía gala. Esta “oscuridad” solo se veía alterada por los puños y cuellos de encaje blanco, estos últimos adquirieron a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII un tamaño absolutamente desproporcionado de tal manera que al ver los retratos de la época parece que la cabeza estuviera dispuesta sobre una enorme bandeja.

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En España este tipo de cuellos se llamaron “lechugillas” porque su forma se asemejaba a las hojas de la lechuga. En 1623 Felipe IV cortó por lo sano prohibiendo su uso y adoptando la golilla, un cuello muy sencillo y económico que los españoles usaron hasta la llegada de los Borbones. En los retratos del genial Velázquez podemos comprobar como todos usaban la golilla desde el rey, hasta el bufón pasando por el noble, el comerciante, el artesano o el letrado. En resumen, una manera de entender la moda muy democráticamente sobre todo teniendo en cuenta que han pasado casi 400 años.

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Barbara Rosillo Blog: Arte y demás historias

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