Himno de Holanda: A Guillermo de Orange le cantamos las cuarenta…

Esta canción se escribió entre 1569 y 1572 y en sus estrofas narra algunos de los acontecimientos que ocurrieron sobre todo en los Antiguos Países Bajos (los actuales están identificados con la Holanda de ahora) durante un poco antes, entre 1566 y 1568.

Vaya por delante que este himno no lo escribió Guillermo de Orange pero lo escribieron para ensalzar su figura a ojos del pueblo que no entendía de que iba se vaiven de mercenarios. A buen seguro que caería en sus manos un ejemplar y disfrutó mucho de las mentiras y falsedades que evacuaron a más glora suya. Fue en 1932 cuando se convirtió en himno nacional de los holandeses, que tienen en gran estima a alguien de muy dudosa moral .

Este post es una hipotética “conversación” de un español “actual” encorajinado con la leyenda negra que nos tenemos que seguir tragando cuatro siglos después. Un español que le canta las cuarenta a un Taciturno Guillermo de Orange (a través del himno que narra la una parte de su vida) y que resiste estoico el envite. Como estoico (y valiente) es aquel que sea capaz de leer este post tan largo…

Guillermo soy de nombre,
De Nassau, Señor,
A su Patria no hay hombre
Más fiel, con más fervor.
Sin tacha, nada empaña
De Orange mi blasón,
Al rey señor de España
Rendí yo siempre honor.

Impresionante chambergo en la T de Tercios

No es eso lo que dice la historia, Guillermo. Lo que dice es que estuviste moviendo los hilos para dar vida a los protestantes violentos y así presionar a la Gobernadora Margarita de Parma para que os concediera a Egmont, a Horns y a ti mismo más prevendas. A cambio la “ayudaríais” a solucionar el asunto de los herejes. Un asunto en el que tendríais que haber tomado cartas rápidamente para controlarlo, para eso eras quien eras, y que cuando llegó el momento de meterle mano ya se había ido de madre…

Y me veo proscrito,
Sin pueblo, sin hogar,
Por el sólo delito
De a Dios servir y amar.
Mas el Rey de los Cielos
En su suma bondad,
Colmará mis anhelos,
Remediará mi mal.

Efectivamente. Te viste proscrito por participar desde la trastienda bien por acción, bien por omisión, sabiendo que con eso estabas permitiendo que se generara un clima de desgobierno. Eso iba en contra de la lealtad que le debías a la gobernadora (…y a tu rey). Y como tú, muchos miles pensasteis que quebrar la ley, bien destrozando la propiedad ajena (furia iconoclasta de 1566), bien permitiéndolo, podía quedar sin castigo amparándose en la multitud o en el “this is not my business”.

Y hombre… sin hogar, sin hogar no te quedaste… en Alemania, de donde proviene tu herencia principal, y que es donde fuiste a parar, estabas pero que muy bien resguardado y protegido…

LLoráis, fieles sujetos,
En inicua opresión,
Mas Dios a sus adeptos
Lleva en el corazón.
Quien de servirle trata
Le pide sin cesar
Me conceda por gracia
Que os pueda liberar.

Y allí, en Alemania, ciertamente embarcas a tus hermanos, a otros nobles que te siguieron y a tus contactos con los Hugonotes franceses para hacer una ataque desde cuatro puntos (ahí es nada…) contra tu propio país. Tu objetivo era el de “liberar a los oprimidos”. Claro que primero podrías haberles preguntado porque como se vio más adelante ellos no estaban por la labor de seguir tu canción…

 

Estados y fortuna,
Por vos todo perdí,
Hermanos de alta cuna
Verlos morir sufrí.
En Frisia cayó Adolfo
En el campo de honor,
Su alma en buen reposo
Espera el día mejor

¡¡Que eran los Tercios, Guillermo!! ¿Qué esperabas?  La suerte del principiante tuviste en Heiligerlee (donde murió Adolfo, tu hermano) visto lo visto en Dahlen y Jemmingen.

Además, pillín, no lo perdiste todo… no seas modesto… efectivamente, al ser proscrito en los Países Bajos tus bienes en Holanda fueron confiscados y tu perdiste tu “posición” privilegiada. Eso no lo superaste nunca y alimentó durante años tu resquemor (por decirlo fino) hacia Felipe. El lado oscuro, Guillermo, el lado oscuro movió a partir de entonces tus actos…

Y no lo perdiste todo, decíamos, te quedaba mucho patrimonio en Alemania, Guille. Tanto como para levantar ejércitos a base de mercenarios alemanes, franceses… porque al fin y al cabo ¿quien quería en aquel momento una guerra? pues visto lo visto… tú.

Y qué bien le hubiera venido ese dinero a tu gente para superar el tsunami de 1570. Un tsunami que se llevó por delante a 20.000 personas, Guillermo, 20.000 personas que pertenecían a las tierras que tú tenías que gobernar. Esa ola se llevó por delante personas, cosechas, animales, almacenes de grano… todo arrasado. Cuánto bien hubiera hecho ese dinero, Orange. Pero tu lo habías dedicado a hacer la guerra a tu propia gente…

Y en contraposición, un español: Gaspar de Robles, por entonces Estatúter de Frisia y Groninga, que financió con dinero de su bolsillo la reparación de diques y consiguió exenciones fiscales ante Alba (el malo-malísimo de tu película) para poder afrontar la catástrofe…

 

Retoño alto y preclaro
Soy de un emperador,
A príncipe elevado;
Con cristiano fervor
Por la palabra santa
Osado combatí
Cual héroe sin tacha
Mi noble sangre di.

Tal vez por ahí van los tiros ¿verdad?… hijo de Emperador y príncipe. Pero príncipe sin posibilidad de reino, en principio…

 

Mi fuerza y confianza
Señor de Ti vendrán,
En Ti está mi esperanza,
No me dejes jamás.
Haz, Dios, que hasta la muerte
Te sirva noche y dia,
Que con ánimo fuerte
Venza la tiranía.

El ánimo fuerte no hay quien te lo discuta, pero dudo que por servir a Dios. Que no se vence a una “tiranía” con otra. Que yo recuerde no tuviste problema en invadir en 1568 con 25.000 soldados, pagados de tu bolsillo, un Estado independiente (El Obispado de Lieja) y desprotegido que nada tenía que ver con tus disputas con el Duque de Alba y con Felipe II, exigiéndoles por la cara cobijo y vituallas (a 25000 soldados!!). Y donde no tuviste reparo, tú que los comandabas, en que quemaran monasterios e iglesias a cada paso que daban.

 

Oh, Dios, en mí se ensaña
La insidia y el rencor,
Protege de sus mañas
A tu fiel servidor.
Tuerce, Señor, los fines
Del odio criminal,
Que de sus manos ruines
No me venga a mí mal.

Pues es tarde para eso, Guille. El rencor (el lado oscuro, de nuevo) también mueve montañas aunque siempre más ruines y más pequeñas que el honor, el amor o la lealtad.

David el trato innoble
De Saúl hubo de huir,
Así con tanto noble
Me veo yo perseguir.
Mas Dios fue su victoria,
De dolor le sacó
Y del trono a la gloria
Israel le elevó.

En gran estima te tienen para que digan esto de tí. Algo habrán visto. Pero que sepas que te persiguen porque permitiste con tus acciones y omisiones que la moderación, que era mayoría en los Países Bajos en 1566 (Y Alba todavía no estaba…), fuera cercenada por una intolerancia calvinista que ayudaste a alentar. Una intolerancia religiosa de la que tu sabrías entonces, y en el futuro, muy bien acomodar a tus intereses particulares, Guillermo.

 

En fin la prueba amarga
Cederá al dulzor
Que mi noble alma aguarda
De Dios Nuestro Señor:
Conocer la ventura
De morir con honor,
Gozando eterna gloria
Cual héroe vencedor.

Pues lo cierto es que no moriste con honor sino de un disparo. Asesinado (Aunque para eso faltan todavía unos años, en 1584) depués de ser puesto fuera de la Ley (1581). Y moriste sin saber lo que ocurriría con tu país. Dividido años después (Holanda. Aunque lo vendan como una “victoria”) y vuelto a dividir de nuevo siglos después (Bélgica y Luxemburgo).

Dividido y débil. Qué cosas… de unos Países Bajos que podrían haber sido fuertes y decisivos en Europa, conseguiste tres pequeños que llevan danzando al vaivén de otros más poderosos desde hace siglos. De la antaño desunida Alemania o de la siempre hambrienta Francia (que se os comió Artois, Hinault…). Si levantaras la cabeza, Orange, estarías realmente triste al ver lo que conseguiste…

 

Ni dolor ni laceria
Igualan dura ley
De saber en miseria
El buen país del Rey.
Mi alma se atormenta
Oh noble pueblo y fiel
Viendo cómo te afrenta
El español cruel.

Esa fue tu coartada, que luchabas contra el Duque de Alba. Y funcionó. Contra el mal gobierno, decías. Recuperarse de los ataques que organizaste en 1568 (y el coste de crear y mejorar las defensas para evitar más ataques), el tsunami de 1570, la epidemia peste de Amberes de 1571,  el frío y las malas cosechas (La pequeña edad de hielo, la llamaron), los ataques indiscriminados de tu amigo La Marck conde de Lumey (los mendigos del mar) que con tu financiación diezmaban el comercio de tus propios paisanos (muy feo eso, Guillermo, muy feo)… Aquellos años del 1569 al 1571, fueron duros, muy duros, Guillermo. Y tu gente sólo quería paz, una paz que no les permitiste alcanzar… para así poder “liberarlos”.

¿Lo hubieras hecho tú mejor? Tal vez. Pero no fue así cuando te surgió la oportunidad, Orange, años después. Que la tuviste (en 1577)… y lo sabes…

 

Al frente de mis fieles,
Con firme decisión,
De cosechar laureles
Esperé la ocasión.
Retiene al enemigo
En Maestricht el temor,
Mis jinetes conmigo
Campaen a sabor.

Ya se de lo que hablas ¿Te refieres tu incursión al frente de 28.000 mercenarios (fieles, les llamas tú) para levantar a la población de Brabante en 1568? ¿Esa en la que buscaste enfrentarte al Duque de Alba en el Campo de batalla y que él rehusó, con buen tino? ¿la de la batalla de Jodoigne? ¿Esa ocasión en la que recorriste todo el corazón de los Países Bajos buscando apoyos entre la población y del que no encontraste ni uno? ¿Esa en la que campaste con tus jinetes por el Obispado de Lieja atemorizando monjes y proyectando dar un “golpe de Estado” en Lieja? Bonitos laureles…

 

Si tal hubiera sido
De Dios la voluntad,
Hubiera yo vencido
Allí la tempestad.
Mas el Rey de los Cielos,
De todo ordenador,
Que hay que servir con celo,
Lo dispuso mejor.

Efectivamente no venciste en esa ocasión a la tempestad, Orange, que encarnaba el Duque de Alba. Un Duque de Alba que te superó con claridad en lo militar pero que no podía compararse contigo en la gestión de la propaganda que llevaste a cabo después…

Se mantiene constante
Mi principesco ardor,
Mi cristiano talante
No cede ante el dolor.
A Dios con insistencia,
Del hondo de mi ser,
Pido que mi inocencia
Me ayude a defender.

Y con las mismas tuviste que dejarlo (no pudiste seguir pagando a tus soldados) y esperar otra ocasión (manteniendo constante el ardor, eso sí…) para defender una inocencia que con tus actos no hacías más que cubrir de cadáveres de mercenarios mal preparados y peor entrenados que enviabas a luchar contra el mejor ejército del mundo. Los llevabas a la muerte segura, Orange. Y lo sabías…

 

Adiós, pueblo sin ley,
Adiós, mesta oprimida
Vuestro pastor bien cuida
Su dispersada grey.
A Dios te encomendamos,
Sigue a tu Salvador;
Esta vida es, hermanos,
De un solo día flor.

Y te retiraste a Alemania… a meditar y pasar los lunes al sol durante tres largos años… Y sí, te mantuviste atento. Y aprovechaste la oportunidad años después. Dividir y destruir siempre es más sencillo que construir. A ti te lo van a decir, que conseguiste hacer crecer la semilla de la discordia allí donde pusiste los pies (Edicto Perpetuo)

 

Ultraje ni vileza,
A fe del Hacedor,
Inferí a la realeza,
Lo tengo por honor.
Mas el Señor lo quiso,
Suprema Majestad,
Y he de acatar sumiso
Su justa voluntad.

Sí lo hiciste, Guillermo. Ultrajaste y fuiste vil con el rey al que le debías lealtad. Tus razones tendrías y no hace falta ser un “bienqueda” apelando al de allí arriba que tiene cosas más importantes en qué pensar. Para tí, y para los que te siguieron después, siempre hubo razones, confesables o no, para mantener una guerra que empobreció a Europa entera durante decenas de años.

Si te hubieras resignado al destino que a pulso te ganaste, el destierro y un cómodo olvido por la traición a tu rey, tal vez el Duque de Alba se hubiera ido con viento fresco a su casa a los pocos meses; Felipe II se hubiera entrometido lo justo en la política de los Países Bajos (como hizo con Franco-Condado del que también era soberano) entretenido como estaba con los turcos, los ingleses, los franceses, América,…; y quien sabe si tus adorados Países Bajos se hubieran transformado en una nación grande en tamaño y población que en el difícil siglo XX se hubiera convertido en el contrapeso ideal de Alemania y Francia.

Joder, Guillermo… visto lo visto, igual es mejor que el himno no tenga letra…

El Camino Español

PD: ¡¡Enhorabuena a los que hayais llegado hasta aquí… !!  😀

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