Flota de Indias Amenazada (II) La presa ansiada: la Flota de Nueva España

Réplica de Galeon Español

Diego de Egüés, Almirante de la Flota de Nueva España, no podía saber que Robert Blake estaba al frente de una impresionante Armada y que tenía como misión dar caza a todas las Flotas de Indias en su tránsito hacia España… Y aunque pleno conocedor del estado de guerra, no era consciente que sus barcos eran claves para que Inglaterra venciera a España.

9 meses antes… Veracruz, Junio de 1656...

Diego de Egüés daba las últimas indicaciones para que la flota entrara en formación en el puerto de San Juan de Ulúa (Veracruz, Nueva España). Un alivio infinito recorrió su cuerpo.

La Flota de Nueva España atracaba de nuevo en América. Un pequeño milagro de la logística y de la naútica volvía de nuevo a producirse…

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— Cada vez tiene más de rutina y menos de milagro, eso es verdad. Rumiaba el Almirante. Tantos años de comunicar la España peninsular con la americana es lo que tiene.

El puerto estaba a rebosar (abarrotao… que dirían otros). Durante las semanas precedentes, una vez corrida la voz de que llegaban, habían ido llegando a la ciudad comerciantes a recibir la carga que venía desde la Península. Especial atención recibían las largas caravanas de mulas que, cargadas en la Ciudad de México con el Quinto del Rey, llegaban a la costa para embarcar el preciado metal en los galeones. La ciudad tomaba un brío inusitado durante esas semanas porque venían gentes del todos los rincones de Nueva España a vender y comprar productos.

 

Durante semanas, las bodegas de los galeones era un no parar. Primero se procedía a la descarga del género llegado de la Península y luego se procedía a la carga de todo tipo de productos venidos de los rincones conocidos del Continente. Un lugar principal en las bodegas de aquellos barcos era para el Quinto del Rey. Éste se almacenaba, con cien ojos vigilantes y todo lujo de contabilidades, firmas y sellos, junto con el dinero ganado por los comerciantes residentes en Nueva España que iban con destino a la Península.

Fiel a su costumbre de adelantar acontecimientos para estar prevenido, Diego de Egüés Almirante General de la Flota de Nueva España, no había terminado de llegar a puerto y ya repasaba mentalmente lo que previsiblemente acontecería, si todo iba bien, en los próximos meses. Más de 10 millones de pesos* tenían la culpa de su desvelo.

— Después de la carga, que llevará su tiempo, llegaremos al puerto de La Habana en unos veinte días dependiendo del viento. A veces más, a veces menos. Meditaba…

Era de todos conocido que La Habana era paso obligado, tanto desde Veracruz (la Flota de Nueva España) como desde Portobello (La Flota de Tierra Firme). Las naves que debían atravesar el Atlántico hacían parada en el magnífico puerto de la isla de Cuba. Allí había un importante astillero, al nivel de los penínsulares, donde se hacían algunas reparaciones y se le daban los últimas mejoras a los veleros para la travesía oceánica (amén de excelentes barcos con maderas americanas, de mejor calidad y resistencia que las europeas).

Recorrido Flota de Indias

Recorridos de la Flota de Indias

— Desde La Habana, tomaremos rumbo norte para atravesar el estrecho entre Florida y las Bahamas, dejándonos arrastrar por la corriente marina del Golfo. Continuó imaginando sin dificultad lo que verían. Bordearemos la costa de Florida y, a la altura del cabo Medanoso (en la actual Carolina del Norte), viraremos al Este para tomar los vientos del Oeste que nos llevarán de vuelta a la Península.

Era ésta la parte más delicada del viaje por los abundantes bajos y los terribles huracanes que azotaban la región. Diego de Egüés sabía de buena tinta la cantidad de galeones y marineros españoles que dormían el sueño de los justos en los fondos del estrecho de Florida. Es por eso cada vez que pasaban por allí las tripulaciones españolas tenían un recuerdo para todos aquellos compatriotas que reposaban allí.

El otro peligro de las flotas, mucho menor en proporción, era el que aparecía en las aguas europeas derivado de los enemigos que ambicionaban día sí día también tener lo que el Imperio Español había construido con tanto trabajo y esfuerzo. Para reforzar la Flota se enviaba, algunas veces, un escuadrón de escolta perteneciente a la Armada del Mar Océano que salía a su encuentro a la altura de las Azores y la acompañaba hasta Sanlúcar de Barrameda.

— En la situación actual, con guerras activas por doquier, haremos la ruta en solitario. Lo más probable es que no haya efectivos para darnos protección… se lemantaba.

El Almirante Egüés sabía que la empresa que iban a iniciar en unas semanas nunca era fácil… Atravesar el Océano Atlántico en aquellos barcos, aún siendo los más grandes y estables construidos por el hombre, era tarea ardua. Todavía se hacía cruces cómo aquellas tres sencillas naves (la Pinta, la Niña y la Santamaría) pudieron arribar a América… Ellos, en aquellas catedrales del mar que eran los galeones, se las veían tiesas para llegar sanos y salvos.

Mientras vigilaba las maniobras de los marineros para atracar el barco, la mente se le fue hacía el desgraciado incidente, del que había tenido reciente noticia por la carta de un buen amigo de la Armada: Una flota inglesa al mando de un tal Robert Blake, que dios no acoja nunca en su seno, había interceptado la Flota de Tierra Firme…

Rememoró lo que había leído en la carta… la flota inglesa sorprendió y dió alcance a la flota de Tierra Firme (formada por dos galeones, tres urcas y un patache. 130 cañones en total) cerca de la costa de Huelva. Ante la resistencia de los españoles, que abrieron fuego en cuanto pudieron, los ingleses contestaron con todo lo que tenían (400 cañones repartidos en 8 navíos de guerra).

Dos de las embarcaciones escaparon. Las más ligeras. Los ingleses no tenían suficientes barcos, así que las dejaron ir, concentrándose en los galeones de carga. Algún que otro millón se salvaba con ellas y hacían camino a Cádiz.

Arreciaron los españoles su defensa desde las fabulosas atalayas que eran los galeones, que serían más pesados pero resistían bien los envites ingleses. Golpearon una y otra vez los hijos de Albión, en superioridad, sin alcanzar a entender que de nada les servía unos galeones cargados de plata… y hundidos en el fondo del mar.

Decía la carta que más de 300 buenos españoles descansaban en el fondo del Atlántico cerca de Cádiz rodeados de varios millones de pesos; que de aquel ataque los ingleses sólo pudieron sacar dos millones y que las tripulaciones de los barcos se cobraron la mitad…

También apuntaba, no sin cierta sorna, que los gritos de Cromwell se escuchaban nítidos a ambas orillas del Támesis… — ¿¿¡¡De qué me sirve un tesoro hundido!!??… dicen que gritaba Cromwell, rojo de ira, al oído del tal Robert Blake…

Mientras sonreía, por la ocurrencia del amigo y por imaginarse cómo le dolería el oído y el orgullo al tal Blake, le cruzó el terrible pensamiento que tal vez él, Robert Blake, le estuviera esperando con una flota de navíos a las puertas de Cádiz. Quiso deshacerse de la idea pero ya era tarde, esa nueva preocupación había echado raíces. Otra más…

— Necesito descansar, murmulló. Van a ser meses muy largos…

Mientras desembarcaba con paso firme, Diego de Egüés, no podía saber que, al igual que ocurriera con su Flota hermana, la de Tierra Firme, Inglaterra había puesto sus ojos en la Flota de Nueva España. Tampoco que, entre los miles de personas que se apiñaban en la bulliciosa Veracruz, siempre había quien estaba dispuesto a dar algo de información interesante a cambio de unas monedas

El Camino Español

1ª parte: Flota de Indias Amenazada: Robert Blake, el ‘No-almirante’ inglés

(*) ‘peso’ era el término indiano del ‘real de a ocho’. Desde finales del siglo XVI, el real de a ocho, el peso, la pieza de plata acuñada en Nueva España de ocho reales, de gran estabilidad y pureza, se convierte en la divisa del sistema de pagos mundial.

PD: Nos hemos tomado una pequeña licencia para que Egües sepa un poco antes el desgraciado encuentro entre la Flota de Tierra Firme y los ingleses. Un acontecimiento que ocurrió en Septiembre, cuando lo situamos un poco antes en Julio sin que eso modifique el fondo de texto.

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