El Duque de Alba defiende Holanda (III): La batalla de Jemmingen (1 de 2)

La batalla de Jemmingen fue la tercera batalla que enfrentó a las fuerzas invasoras, encabezadas por los Orange-Nassau y compuestas por miles de mercenarios alemanes cuyo objetivo era romper la estabilidad de los Países Bajos, contra el ejército concentrado especialmente para proteger esa legalidad. Tierras donde era soberano en aquel momento Felipe II.


Bahía de Dollard, 21 de julio de 1568

Maas dio un codazo a su compañero de faena que, concentrado, arriaba las redes con sumo cuidado para no perder ni un pescado mientras se mantenía en equilibrio dentro de la pequeña barca. Con enojo lo miró a la cara para reprocharle el codazo, pero al ver la expresión de su rostro, se giró buscando aquello que tenía absorto a su compañero.

Cientos, miles de sombreros avanzaban hacia ellos, empujados por la suave corriente del río que los llevaba hacia la desembocadura del Erms. Allí donde éste ese habría a la inmensa bahía de Dollard en la costa de Groninga, antes de llegar al Mar.

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La liberación de Groninga
La Batalla de Heiligerlee del pasado mayo había sido un terrible error. De aquella vergonzosa actuación, no por la derrota en sí ante los rebeldes, sino por la precipitación y la cobarde retirada del Tercio de Cerdeña que tanto había enojado a Alba, entraron en Groninga algo más de 1000 hombres de los 1700 que habían partido. Aún así la ciudad se encontraba sitiada y con el enemigo a las puertas. Alba resolvió enviarles refuerzos.

Fueron 1.500 caballos y 3.000 soldados de infantería los que adelantó que, no sin dificultad, alcanzaron Groninga. Se hicieron salidas esporádicas entablando escaramuzas con el enemigo, pero la situación en lo fundamental no cambió. Groninga seguía sitiada por doce mil mercenarios encabezados por Luis de Nassau, el hermano de Guillermo de Orange, que estaba dispuesto a levantar a la población contra su rey, Felipe II, aunque fuera a la fuerza.

La situación se deterioraba y el riesgo de que Groninga colapsara y cayera en manos de los rebeldes aumentaba a cada nuevo día. Alba decidió mover ficha. ¡Y qué ficha!: Alonso de Ulloa, partió desde Gante con 15 banderas del Tercios de Nápoles, Julián Romero, desde Bruselas, con el Tercio de Sicilia. Sancho de Londoño con el de Tercio de Lombardía desde Maastricht. En total 5500 españoles. A ellos se juntaron otros efectivos: Caballería borgoñona, compañías italianas, infantería albanesas,… El objetivo: desbloquear Groninga.

En Bolduque se reunió el ejército al completo que suma un total de 12.000 soldados de infantería y unos 3.000 de caballería. Luego alcanzaron Deventer, Omme, Coevorden, Rolde. Se quedaron a unos 12 kilómetros de Groninga después de recorrer a pie cerca de 200 km en apenas 5 días. Al mejor estilo del Camino Español.

Con alguna escaramuza de por medio, un tanto gravosa en bajas para los rebeldes, arribó finalmente el ejército que encabezaba Alba a Groninga. El refuerzo considerable provocó cierta sensación de urgencia en Luis de Nassau viendo más prudente pastar con sus mercenarios por otros lares. Después de algún día de descanso para, reorganizar las defensas, recuperar fuerzas y aprovechar para arreglar puentes y desperfectos realizados por los mercenarios germanos, decide ponerse en marcha para perseguir a los rebeldes que tantos problemas estaban dando .


Bahía de Dollard, 21 de julio de 1568

Ruud terminó de recoger las redes tan pronto como pudo mientras de reojo echaba miradas hacía el río que venía poblado de sombreros. Ya no le importó que algún pez, feliz, escapara de sus redes. Aquella procesión de “barcas” de fieltro habían captado toda su atención.

Con parsimonia los miles de gorros fueron alcanzando y rebasando su pequeña embarcación, que por un momento parecía que flotaba en un mar de sombreros. Maas, tomó uno de ellos, aún sorprendido, lo examinó y pasándoselo a su compañero le preguntó:

– ¿qué opinas Ruud? ¿español? ¿alemán?


Mosqueteros como éstos, protagonizaron la Historia de Europa. En la Tienda de los T

Buscando al enemigo
El 16 de julio ya estaba todo listo, las fuerzas leales partieron rumbo al Este: en vanguardia los españoles, el nervio de la guerra, seguidos de los valones y alemanes del conde de Mega. Detrás el resto de alemanes con la artillería y en retaguardia la caballería.

No iba a ser fácil dar con los rebeldes les llevaban dos días de ventaja y aunque se había enviado caballos en todas direcciones para encontrar el rastro parecía que se los había tragado la tierra. Amén de que algunos de los lugareños “eran unos grandísimos herejes” y la información que extraían resultaba poco fiable y a veces contradictoria.

No hubo que esperar en demasía, no obstante. Finalmente las pesquisas dieron resultado. Dos días después dan con una pista fiable. El grueso del ejército mercenario está alojado en la población de Reyden. La noticia no sorprende a Alba:

— Lógico. dijo en alto el Duque. Reyden es una población bien fortificada y está fuera de las fronteras de los Países Bajos

Alonso de Ulloa, Julián Romero, Chapín Vitelli, Sancho Londoño, escuchaban… La noche se había echado encima y habían asentado los reales cerca de Wedde. Atrás había quedado Heiligerlee de infausto recuerdo para los del Tercios de Cerdeña y más para Alba que se la tenía jurada a éstos. Los capitanes habían sido llamados a la tienda de Alba y allí estaban sentados alrededor de la mesa ocupada por diversos mapas.

— Luis de Nassau ha ido a resguardarse a territorio del Imperio Germánico. Tal vez pensando que eso le dará cierta tranquilidad para planificar el siguiente paso, pensaba en alto Alba.

El sonido de cascos de un caballo al galope empezó a oirse nítida también en el interior de la tienda. El soldado, de una de las compañías de Chapín Vitelli, desmontó y entró en el centro de mando como un vendaval. Paró en seco y con cierta sorpresa en el rostros ante el nivel de los asistentes. Se cuadró y se acercó a Chapín para cantarle el mensaje que traía. Éste escuchó mientras asentía con la cabeza. Despidió al soldado con una mirada y un ligero asentimiento en señal de agradecimiento y mirando a sus interlocutores, dijo en voz alta:

— Estaban en Reyden, pero no han entrado en la población. De hecho nuestros hombres han detectado movimientos claros en las tropas y están siguiendo el curso del río Erms hacia su desembocadura.

A Alba se le iluminaron los ojos. Era la oportunidad. Casi al únisono se volcaron todos sobre los mapas para saber cual sería el recorrido más probable. Seguramente seguirían el curso del río. Estaban en julio, el calor apretaba y con un contingente tan numeroso el agua era un bien fundamental.

— Partimos mañana hacia el Erms, sentenció Alba. Cruzaremos la frontera pero dudo que eso sea un problema. Si todo va bien los alcanzaremos a la altura de…

Miró en el mapa mientras seguía con el dedo el curso del Erms sobre el pergamino.

— … Jemmingen

 

El Camino Español

Fuentes:
Wikipedia
Geocities
Blog “Tercios de Flandes”

portada:

Jordi Bru,  http://www.jordibrufotografo.com/

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