Julián Romero, el ‘Fernando Alonso’ de los Tercios de Flandes

Si vais al Mueso del Prado y veis este cuadro, <<Julián Romero y su Patrono>> de El Greco, tal vez queráis decirle a quien tengáis cerca que Julián Romero, el que está arrodillado, es un ejemplo de sacrificio, lealtad, entrega y superación.

Y perdónenme el acomodo, pero a nuestro entender, por entonces, allá en el siglo XVI, el Ejército y la Iglesia eran lo que hoy viene siendo el Deporte y la Música. Aquello a lo que muchos aspiraban pero que pocos eran los “elegidos” y sólo a base de sacrificio, entrega y esfuerzo. Y digo esto porque, para que se hagan una idea, nuestro Julián Romero estaría, en esa escala, perfectamente al nivel de nuestro Rafael Nadal o nuestro Fernando Alonso. Igual me quedo corto…

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De hecho toda su carrera se llevó a cabo fuera de España en el escenario Internacional: Inglaterra, Italia, Flandes,… Tanto es así que también tuvo su reconocimiento explícito fuera de nuestras fronteras. El inglés Enrique VIII le premió con el título de ‘Sir’ por los servicios prestados en batalla cuando los españoles lucharon a su lado (siendo aliados Enrique VIII y Carlos V, y claro, antes de renunciar el primero a la iglesia Católica y volverse loco con la Ana Bolena y tal…).

Así que ahí tenemos a Julián Romero, de ascendencia humilde, sin “padrinos”, ni “familia”, sin nada más que sus manos, su buena cabeza y su determinación, que se alista en el ejército, como tantos otros miles lo hicieron. Si bien, Julián, despunta rápidamente por su inteligencia, valentía y dotes de mando. Un ‘crack’ de las encamisadas de las que tanto gustaban los españoles (y tan poco los enemigos) y que de mochilero y mozo de tambor ascendió con mucho trabajo y entrega a, atención, Maestre de Campo General. No piensen ustedes que le fue gratuito, se dejó en el camino un ojo, se quedó sordo de un oído y casi pierde una pierna quedando con cojera permanente.

Y tragó sapos muy gordos. Como el deshonor de que sus tropas se amotinaran (después de años sin cobrar) y, a pesar de que intentó detenerlos, protagonizaran el Saco de Amberes. Aunque también vivió la gloria de victorias históricas reservadas a muy pocos. Como en la batalla de San Quintín, donde, por sus acciones, Felipe II lo nombra Maestre de Campo de Infantería Española y Caballero de la Orden de Santiago. El cielo para un soldado.

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Y murió haciendo lo mejor sabía hacer y con la coraza puesta un 13 de Octubre de 1577. Iba en ayuda de Juan de Austria después del fiasco de Edicto Perpétuo recorriendo el Camino Español. Fue a la altura de Solero, en el Milanesado, cuando le sobrevino la muerte. Se dice que fue de apoplejia. Fue enterrado en la Iglesia de Santiago de la Victoria en Alessandria de Palla, a pocos kilómetros de Milán.

Más adelante, su hija intentó trasladar sus restos al convento de las Trinitarias que ella misma había fundado en Madrid (y donde descansa Cervantes), pero surgieron problemas y no se pudo llevar a cabo. A principios del XVIII una explosión en un almacén cercano se propagó hasta la iglesia de Santiago, destruyéndola. La rehicieron, pero de la lápida y los restos de nuestro soldado nada quedó.

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Y no, no me vengan con lo mismo de siempre de que España no sabe tratar a sus hijos más ilustres y tal y tal… Me suena a plañideras, perdonen ustedes. Lope de Vega y El Greco dejaron la huella que él no pudo o no le reconocieron otros. ¿Qué mejor que ser recordado, por los siglos de los siglos, por dos ‘monstruos’ del arte en sus obras?

Pero no está de más seguir recordándolo por todo lo bueno de su actitud y aptitud. Aunque ese ya sea esfuerzo de los españoles de ahora. Así que si pasáis por Alessandría de Palla, tal vez haciendo El Camino Español (de donde la población es etapa), pasad a visitar la Iglesia de Santiago de la Victoria y rezad un padrenuestro por su alma porque en ese santo lugar descansa su cuerpo.

Y si alguna vez volvemos a entrar en guerra, ni dios ni los hombres lo quieran, más vale que hayamos hecho, entre todos, todo lo posible para que los militares más leales, más sacrificados, más entregados y más preparados estén en nuestras filas. Porque si no, el deporte y la música nos van a servir para una m…

El Camino Español

PD: Desde El Camino Español conseguiremos con el trabajo y determinación que nos caracteriza (léase, por ‘cansinos’), y con vuestra ayuda y colaboración, que los de Alessandría de Palla pongan una placa que recuerde que allí descansa Julián Romero, el de las hazañas, un humilde español que tocó su cielo con los dedos.

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