Etapa 5: Basilea – Colmar. Tres países en un día y con final feliz…

Ver anochecer en Basilea, en la orilla del río hizo que el cansancio remitiera en muchos puntos,  además de quedar grabado en nuestra retina.

Del resto del cansancio se encargaron en el Hotel Das Breite,  que con la coordinación de la Oficina de turismo de Suiza en España,  nos permitió alojarnos en una de sus amplísimas habitaciones.

Una ducha reconfortante, unas camas comodísimas y un desayuno muy bien surtido hacen que empieces el día con la mejor de las disposiciones. Y falta nos iba  a hacer porque se barruntaba que el calor iba a apretar y teníamos por delante casi 90 kilómetros hasta llegar al destino previsto: Colmar.

Pero para eso faltaba aún muchas horas. Hicimos el check-out, nos despedimos de Martina, recepcionista en el hotel que nos atendió estupendamente, nos selló la credencial y salimos zumbando. No perdimos la ocasión de pasear por el centro de Basilea antes de dejarla atrás por el margen derecho del Rin,  aunque para eso debíamos pasar a Alemania.

No debemos avanzar mucho para eso porque la frontera germano-suiza está en las afueras de Basilea. De hecho casi no nos damos cuenta de que habíamos pasado. Había un control pero no había ni vallas, ni barreras, ni nada. No nos pidieron documentación. Sencillamente pasamos.  Esto de la UE es un cañón (aunque Suiza no sea de la UE… Pero la idea es la misma, la libre circulación) . Toca defenderlo si queremos disfrutar de todas sus ventajas…

Nos despedimos de Suiza que nos ha acompañado durante tres días  (y nos ha encantado) y decimos hola a Alemania que nos acompañará hasta Breisach, también en la rivera de Rin.

Son 60 kilómetros por la rivera de un río. Bueno, no de un río cualquiera, del Rin. Ese paseo deja estampas bellísimas  y también alguna pequeña sorpresa que debemos negociar y que le dan un punto divertido a la jornada.

También  aprovechamos para refrescarnos un poco en las aguas de un río del que llevo oyendo hablar desde que nos tuvimos que aprender los ríos allá en la EGB. Estando tan cerca de los Alpes poco riesgo había de que estuviera sucio. Como se suele decir, la ocasión la pintan calva (que ya habrá alguien que me explique de donde viene la expresión… 8-o que por otra parte se entiende perfectamente).

Los kilómetros, todos ellos en plano, los devoramos sin contemplaciones. Poco importa que sea tierra y no asfalto, la media de kilómetros es alta. Las piernas ya tienen buen rodaje y eso se nota.

En Breisach damos buena cuenta de un “cordón bleu”, porque es sabido que hacer el Camino Español no está reñido (sino todo contrario…)  con comer bien. Eso y  un descanso a la manera española, esto es una mini siesta, y listo para afrontar el final de etapa. Colmar (Francia, y es el tercer país que recorremos hoy) espera con una sorpresa muy agradable…

Colmar es una ciudad con muchísimo encanto. Sorprende y resulta muy agradable a la vista pasearla y disfrutarla. El centro histórico, que es de lo que hablamos, es amplio y está fenomenalmente cuidado. Todo el casco antiguo es homogéneo en su variedad de edificios y es fácil hacerse a la idea de que estás en otra época. Si no la conocéis debéis venir porque os cautivará.

La sorpresa que guarda Colmar para los seguidores del Camino Español, está en una de las plazas céntricas. Es una estatua. Y en realidad  son dos las sorpresas. Una es sobre el autor que la diseñó y la llevó a cabo y la otra es sobre el personaje a quien representa.

El personaje histórico es Lázaro Schwendi un militar y diplomático al servicio de Carlos I y también de Felipe II.

Con Carlos combate a los turcos en Hungría, en el siglo XVI. En recompensa, Carlos V lo designa señor de Hohlandsberg, cerca de Colmar.

Con Felipe II, Intervino en las batallas de San Quintín y Gravelinas y Felipe II le nombró gobernador de Philippeville.

La estatua la hizo Frédéric Bartholdi, el mismo que diseñó la estatua de la libertad, que Francia regaló a Estados Unidos y que éstos copiaron a escala (enorme) en Nueva York.

El otro día Altdorf.  Hoy Colmar, la joya de Alsacia, es la que nos muestra huellas de la época española en esta ocasión en los personajes que participaron de ella. ¿Qué pensabais que hacer el Camino Español es solo pedalear y comer? 😉

El Camino Español

Nos hemos alojado como príncipes en el Hotel Das Breite Hotel de Basilea

Agradecimientos sinceros a la Oficina de Turismo de Suiza en España. Y especialmente a Elena y Sandra que se han desvivido con la logística del recorrido hasta dar con los lugares adecuados.

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